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DECLARACIÓN PÚBLICA INVESTIGADORES DE CINE CHILENO

Por: Editor / 26 de septiembre, 2012

Los abajo firmantes, exponentes del campo profesional de la investigación en cine chileno, estimamos necesario dar a conocer nuestro punto de vista sobre el cambio en la orientación de las bases del Fondo de Fomento Audiovisual en la Línea de Investigación, hecho que daña significativamente la producción de conocimiento sobre nuestro cine. En las nuevas bases del año 2012, se lee:

Modalidad única que financia proyectos de investigación asociados al desarrollo de la
industria audiovisual en Chile. En la presente convocatoria se dará preferencia a estudios sobre la industria audiovisual y mercados, en particular al comportamiento de audiencias en Chile y las posibilidades de ampliación de mercado para el audiovisual chileno.
Esta orientación fija un criterio a priori excluyente en los trabajos de investigación,
afectando otras líneas que se han confirmado como un campo en creciente desarrollo, donde académicos e investigadores han aportado al cine como área de conocimiento, generando una valoración importante de nuestra filmografía.

Ello se ha traducido en que durante los años 2005 y 2011 se han financiado cerca de 80 investigaciones que han producido saber relevante sobre nuestro cine, mediante la reflexión crítica y la investigación histórica en diálogo con disciplinas tales como la
filosofía, la estética, los estudios culturales, la antropología, la semiología, la historia, etc.

Orientar la línea de investación solamente a los estudios de mercado y audiencias afecta esta área de desarrollo e interrumpe una política pública de apoyo sostenido a la investigación sobre cine. Esto plantea una paradoja: los estudios orientados a las memoria histórica y a la reflexión teórica sobre el cine chileno son dejados para el libre juego de oferta y demanda de editoriales privadas, y las investigaciones que tocan las variables de mercado e industria encuentran amparo a través de fondos públicos, cuando todos los estudios sobre cine chileno deben ser susceptibles de ser financiados con fondos púbicos.

Esta medida presenta además una anomalía entre la valoración que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes promueve del cine y aquella que defiende para otras disciplinas como Artes Visuales, Música y Teatro, donde a través de la Línea de Investigación de FONDART los estudios teóricos, críticos e históricos sí encuentran cabida. El cine, al igual que las otras artes, no es solo un producto industrial, sino también un objeto cultural que debe ser estudiado y criticado.

Lejos de ser un tema sectorial, que solo puede preocupar a los investigadores de cine chileno, lo ocurrido en la convocatoria 2012 revela un desconocimiento de la lógica de la generación de Patrimonio cinematográfico, así como de la diversidad de la dimensión cultural, social y artística del cine, el rol esencial que tiene la investigación y la crítica en la cadena de valor de la producción cinematográfica, generando contexto, reflexión y, por tanto, un mejor público para el cine chileno.

A partir de aquí, rechazamos la reformulación de las bases del Fondo de Fomento Audiovisual en su línea de investigación, hacemos un llamado urgente a su revisión, y esperamos una respuesta pública de autoridades y del Consejo Audiovisual respecto a este punto.

Saludan atentamente,

José Miguel Palacios
Candidato a Doctor, New York University

Iván Pinto Veas
Investigador independiente, editor laFuga.cl

Udo Jacobsen Camus
Director Carrera de Cine, Universidad de Valparaíso

Luis Horta Canales

Coordinador General Cineteca Universidad de Chile

Académico Universidad de Valparaíso

María Laura Lattanzi,
Candidata a Doctora, Universidad de Chile – Docente Sociología del Arte

César Barros A.
Profesor Asistente
Department of Languages, Literatures & Cultures, State University of New York, New Paltz

Vania Barraza T.
Profesora Asociada
Lenguas y Literaturas Extranjeras, Universidad de Memphis

Natalia Möller González
Candidata a Doctora, Universidad de Chile

Carolina Urrutia Neno
Docencia e Investigación, Universidad de Chile / Pontificia Universidad Católica.
Candidata a Doctora en Filosofía, mención en Estética, Universidad de Chile.

Daniela Colleoni Villagrán

Investigadora Cineteca Universidad de Chile

Carlos Ossa S.

Académico Facultad de Artes e  ICEI, Universidad de Chile

Marcela Parada Poblete
Docencia e Investigación
Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile

Elizabeth Ramírez Soto
Candidata a Doctora, University of Warwick

Pamela Pequeño de la Torre
Académica Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile
Candidata a Magíster Universidad de Chile

Andrea Chignoli
Profesora Asistente Depto. Dirección Audiovisual
Facultad de Comunicaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile

Claudio Guerrero Urquiza
Investigador en historia del cine y artes visuales
Estudios de Arte / Universidad Arcis

Felipe Blanco M.
Crítico, profesor y programador de Cine

Ximena Vergara
Magíster Pontificia Universidad Católica de Chile

Carl Fischer
Profesor Asistente
Lenguas y Literaturas Modernas, Fordham University

Dr. Felipe Silva Montellano
Investigador Fondecyt
Departamento de Diseño, Universidad tecnológica Metropolitana

Catalina Donoso Pinto
Profesora Asistente
Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile

Natalia Cariaga Madariaga
Magíster © Estudios de la Imagen, Universidad Alberto Hurtado

Jorge Iturriaga E.
Doctor en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile

Paola Lagos Labbé
Académica e Investigadora, Instituto de la Comunicación e Imagen. Universidad de Chile.
Doctora © en Comunicación Audiovisual, Universidad Autónoma de Barcelona

Angeles Donoso Macaya
Visiting Scholar
State University of New York, New Paltz

Tiziana Panizza Montanari
Académica, investigadora y documentalista. Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile. Magister en Arte y Medios, University of Westminster, Inglaterra

Alfredo Barría
Licenciado en Cine, Universidad de Valparaíso

Mónica Villarroel
Doctora © en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile

Milena Grass Kleiner
Académica e investigadora, Doctora © en Literatura, P. Universidad Católica de Chile

Angelica Franken
Magister U. Catolica, Estudiante Doctorado en Literatura U. de Chile

Vicente Plaza Santibáñez
Magíster en Artes, Universidad de Chile

Macarena Urzúa Opazo
Profesora Universidad Alberto Hurtado-Universidad Finis Terrae
Postdoctorado Fondecyt, Universidad de Chile

Luis Roberto Órdenes Pérez
Licenciado en Historia y Cs. Sociales, Licenciado en Educación Universidad de Valparaíso
Grupo estudios críticos y difusión de cine

Claudia Bossay P
Candidata a Doctora, Queen’s University Belfast

Laura Senio Blair
Associate Professor in Department of Spanish and Latin American Studies
Southwestern University EEUUJaviera Lorenzini R.

Estudiante de magíster en Literatura U. de Chile.

Antonia Girardi B.
Estudiante de Magíster en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile.

Maria Paz Peirano
Antropologa Social, PhD (c) University of Kent UK

Isabel Orellana Guarello
Programadora Festival Internacional de Cine de Valdivia

Ricardo Greene
Académico UCM / Director FIDOCS / PhD (c) en Visual Anthropology, Goldsmiths

Maite Alberdi
ADOC

Roberto Trejo
Investigador Universidad ARCIS

William Thayer

Gilda Luongo

María José Torrealba

Germán Liñero A.

Martin Tironi

Carla Olivares

Isabel Mardones

Luis Mora del Solar

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Artículos Cineclubismo Crítica Opinión

Algunas reflexiones en torno al cierre de la Sala de Cine BF Huérfanos

Por: Luis Horta / 27 de julio, 2012

Este 30 de Agosto dejará de funcionar la Sala de Cine BF Huérfanos, a casi un año de su apertura. El sorpresivo y violento cese de actividades de un espacio que destinó un alto porcentaje de su pantalla a la exhibición de cine chileno, se ha transformado en comentario obligado de las redes virtuales, pero detona una reflexión mayor referido a las formas de acceder al cine nacional y los aportes estatales para el desarrollo de éstas instancias. En definitiva, la carencia de un diálogo sobre políticas públicas vinculadas a la cultura cinematográfica y la educación de audiencias.

Algunas consideraciones que vale tener en cuenta: el 21 de Enero de 2011, revista Qué Pasa publicó la nota “Cine Club se toma Huérfanos”, donde se informaba que la empresa distribuidora de películas BF compraba a la cadena Hoyts el complejo ubicado en la Calle Huérfanos, donde antiguamente se ubicaba el mítico Rex, con el objetivo de “convertir el cine club en un encuentro de la industria chilena”, como señalaba uno de los nuevos dueños.

Lo cierto es que nunca funcionó como Cine Club, -ni siquiera en su nombre- pero si cumplió con ser una alternativa para que la incipiente “industria cinematográfica nacional” contara con una nueva pantalla en -dato no menor- un perímetro que ya albergaba otras cinco salas de cine arte: El Cine Arte Normandie, el Centro Arte Alameda, el Cine El Biógrafo, la Sala de Cine de la Universidad Católica y la Sala de Cine de la Cineteca Nacional de la Fundación Centro Cultural Palacio La Moneda, sin contar las actividades audiovisuales que realiza esporádicamente el Centro GAM como ser sede del FIDOCS.

Los dueños del nuevo complejo cinematográfico llamado BF Huérfanos, -Matías Lira (el mismo director del film “Drama”), Matías Cardone, Steve Ashmore y Carlos Hansen (también miembro del directorio de Colo Colo),- pronto consiguieron un jugoso aporte del Estado por la no despreciable suma de $120 millones de pesos de los Fondos de Cultura en la línea de Apoyo a la exhibición de cine chileno en multisalas, la que financia a privados para que proyecten películas nacionales en sus cadenas cinematográficas. En perspectiva, es una cifra bastante mayor que los $29.864.080 entregadas a la implementación del Cine Arte Normandie, con 30 años en el rubro, o los $20.783.492 asignados por concurso al Cine Club de la Universidad de Chile para adquirir un proyector 2K de Alta Definición, e infinitamente superior a los $3.500.000 entregados a la Casa de la Cultura de Coronel para implementación de su sala de cine. Un análisis de aquellas cifras permite constatar el interés del nuevo gobierno por priorizar el trabajo de la industria de cine nacional, y que instale la comercialización como eje del desarrollo del cine.

Aún así, las regiones siguen siendo devoradas por el consumo, donde solo se proyectan películas en centros comerciales, y bajo esa lógica de acceso, y el Estado parece no tomar responsabilidades mayores en su regulación. El cine de autoría, por así denominarlo, evidentemente desaparece en este contexto, al ser inviable y nada rentable. Por otra parte, aún existen lugares donde no hay salas de cine arte o cine clubes, y el acto cinematográfico solo es canalizado por grandes Mall o, en menor medida, por las migajas de una transmisión televisiva de madrugada que difícilmente alguien se entera.

Con los recursos estatales, BF Huérfanos pudo habilitar cuatro salas de cine, donde una de ellas estaba dedicada completamente al cine chileno (generalmente de corte comercial, aunque también incluía documentales), y que oportunamente bautizaron “Sala Raúl Ruiz” tras la muerte del reconocido cineasta. BF efectivamente contribuyó en estrenar películas locales, así como dejar en cartelera películas desechadas por otras cadenas de cine. Simultáneamente la exhibición de películas norteamericanas ayudó bastante a alimentar el negocio que, cuando no tuvo el aporte del Estado, dejó de ser negocio.

El paradigma de hablar de “Cine Chileno” cuando la realidad evidencia la existencia de “Cines Chilenos”, hizo que la contienda fuera desigual con acorazados como “Violeta se fue a los cielos” del consagrado Andrés Wood, versus “Anónimo”, ópera prima y tesis universitaria de Renato Pérez. Obviamente el público, habituado al consumo, no podrá leer de la misma manera una película de indagación que una película de explotación comercial. Es ahí donde el Consejo de la Cultura ha iniciado un incipiente programa de Formación de Audiencias, pero ¿Quién forma audiencias?. Es evidente que el rol de la formación debería caer en los centros que reúnen esta experticia como son las Universidades, pero ¿Qué rol cumplen las Universidades estatales en la formación de audiencias? ¿Cuál es el fomento a las ventanas de Cine Universitario que realiza el estado actualmente? ¿Los actuales encargados conocen las experiencias desarrolladas por la Universidad de Chile y el Instituto de Cinematografía Educativa?. Inevitablemente si se sigue confundiendo entretención con cultura, o se avanza sin conocer experiencias pasadas e intentando refundarlo todo desde cero, es poco lo que se puede desarrollar este tema, sobre todo si se instala la tiranía del capital como articulador del diálogo.

La Universidad de Chile, la Universidad Católica, la Universidad de Valparaíso, la Universidad Austral, la Universidad de Concepción, entre otras, cuentan con Cine Clubes con una robusta actividad que se ha encumbrado durante años, y que esporádicamente reciben vía concurso financiamientos escuálidos que hacen pensar que para el Estado o el gobierno de turno, son instancias menores a la que podría desarrollar un complejo con fines comerciales. Esta paradoja instala otro problema: ¿Por qué el acceso al arte debe ir de la mano con la comercialización? ¿Es necesario que el modelo de multisalas (y masividad, por ende) sea el articulador del acceso justo al arte cinematográfico? ¿El mercado debe estandarizar las normas de acceso al cine? Evidentemente el rol pedagógico o el uso de la cinematografía como canal cultural queda relegado a la invisibilidad y a un rol poco útil, porque no genera capital financiero, y bajo el prisma neoliberal el capital intelectual es inútil. La política gubernamental actual contribuye a realizar esta lectura: subvención a la empresa privada para que realice un mecenazgo con el cine nacional, o una porción de él, ese que aspira a las masas.

Mientras para el gobierno las audiencias sigan siendo un problema, será difícil desarticular la concepción que tiene la población sobre la cinematografía local. Eso se traduce en el poco balance que hay entre las casi nulas experiencias de salas de cine arte en regiones versus el gigantesco apoyo del estado al fomento del cine chileno en glamorosos Festivales internacionales. Es por ello que incluso muchos cineastas han desechado la opción de exhibir películas en salas de cine, y optan por espacios como los cine clubes o simplemente por incorporar films a portales web, donde se puede multiplicar la cantidad de personas que ven una película, aunque sacrificando el acto de asistir en colectivo a ver un film en pantalla grande.

La reflexión patente tras el cierre de BF es que el modelo comercial aplicado a la divulgación del cine nacional irremediablemente arrojará pérdidas, así como es cuestionable en cuanto a resultados la estrategia de la subvención a empresas para que se hagan cargo de la formación de audiencias. Igualmente marginar a las Universidades y Cine Clubes de este proceso es contradictorio, y parece que es incompatible que conceptos como mercado y educación se aúnen en el cine, tema tan en boga en el último tiempo. La apreciación cinematográfica es similar a la comprensión de lectura, y sabemos que en nuestro país las tasas son bajísimas. El público, que es sometido constantemente al analfabetismo que propone la maquinaria cultural norteamericana instalada en nuestras pantallas, ve en éste el estándar con que mide al cine de la región, el único lugar de donde se puede aferrar ante la carencia de espacios de exhibición y la desinformación.

BF Huérfanos es una empresa privada, y seguramente sus dueños continuarán en el rubro del cine. Las películas independientes chilenas se seguirán exhibiendo en sus propios circuitos de Festivales, Cine Clubes y Salas de Cine Arte. Y el grueso de la población continuará pensando que el cine nacional no existe, que el parangón con que medir una obra es el cine norteamericano, y seguirá prendiendo el televisor para evadirse de su realidad, ya que el valor de una entrada al cine es altísimo. El gobierno reafirmará su intención de apoyar el cine comercial sin una ciudadanía culta e informada que lo reciba, critique, piense. También premiarán a consagrados para que en el extranjero se hable de como un gobierno de derecha reconoce a sus artistas. Un niño de algún colegio del sur de Chile seguirá sin conocer “El Chacal de Nahueltoro” o “El Húsar de la Muerte”. Y, por supuesto, nadie reclamará por la pérdida de la vida cultural que existía antiguamente en el centro histórico de Santiago, por la demolición del Cine Lido para convertirlo en oficinas, o por el despojo a las universidades estatales de su rol como protagonistas del desarrollo del país, tal como fue con el cine local de los años sesenta. Al final del día, siempre será más cómodo lamentarse en las redes sociales sobre el cierre de una sala de cine arte, antes que preguntarse por el problema de raíz y cuestionar a los responsables de que la brecha existente entre el público y su propia cinematografía sea cada vez mas amplia.