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Dossier Nº13: compositores/as de música para cine

La Asociación de Cineclubes de Chile y sus Cineclubes asociados presentan el Dossier Nº13: compositores/as de música para cine, un compilado de textos que buscan descubrir, investigar y caracterizar el rol que juega la música en distintas producciones audiovisuales, así como también indagar en la diversidad de estas composiciones.

El dossier será presentado públicamente los días martes 22 y miércoles 23 de junio a las 18:30 hrs. vía Facebook Live de la Asociación de Cineclubes de Chile.

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Aviso: ¡sitio en actualización!

Estimadas y estimados lectores,

Les informamos que nuestro sitio Revista Séptimo Arte (R7A) actualmente se encuentra en un proceso de mejora y actualización. Prontamente volverá a estar disponible todo el material producido en el último tiempo.

Agradecemos su comprensión y paciencia.

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A propósito del Día del Cine Chileno

Por: Editor / 26 de noviembre, 2014

Año Santo Chileno: Imágenes de la memoria, por Luis Horta C.

Doblemente Desaparecidos: Ideas a propósito del registro de los Funerales de Luciano Cruz Aguayo (Jorge Müller, 1971), por Carlos Molina G.

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Revista Séptimo Arte N°7: Archivo y Cine Chileno, Septiembre 2014

Por: Editor / 14 de septiembre, 2014

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Cineclub Entrevistas Fancine Noticias

Conversación con Gastón Ancelovici

Por: Equipo CineClub UChile / 07 de mayo, 2014

Gastón Ancelovici, a la derecha, junto a Patricio Guzmán. Francia, 1976
(Fuente: www.memoriachilena.cl)

Gastón Ancelovici es director y productor de cine y televisión, realizó estudios de Arquitectura (1964 a 1970) en la Universidad de Chile, pero su vocación por el cine lo llevó a participar en los talleres organizados por Chile Films en los años de la Unidad Popular. Su primer acercamiento al cine es como asistente de dirección de “La batalla de Chile”, de Patricio Guzmán. Tras el golpe militar, partió al exilio y se instaló en Francia. Estudió allí Cine y televisión en el Instituto de Ciencias de la Información de la Universidad de Bordeaux-III, Francia (1975-1978). Se desempeñó, además, como coordinador de la Médiathèque des Trois Mondes y como responsable, desde 1978 hasta 1984, del Centro de Documentación de la Cinemateca Chilena en el Exilio. Con posterioridad, se trasladó a Canadá, donde desarrolló el grueso de su producción como documentalista.

Esta conversación se realizó en el año 2013.

¿Tomando en cuenta que estudiaste arquitectura, cómo fue que llegaste a hacer cine?

Yo creo que si no hay Unidad Popular, si no hay Allende, si eso no hubiera pasado, ahora seríamos arquitectos un montón de personas. Mucha gente dejó carreras botadas, pasábamos en huelga porque el estudio no era lo principal, lo importante era que íbamos a cambiar el mundo. Y eso que en el año ‘67 o ‘68, vino una gran reforma a nivel universitario, que fue así como el 2011 de ustedes los estudiantes.

 ¿Fue entonces un momento de articular discursos nuevos?

Sí, era un momento político a nivel de sociedad, había una noción de que el audiovisual era una formidable herramienta educativa y de propaganda. Aunque todo era súper artesanal, las cámaras eran escasas y tenían un precio súper elevado. Pero cuando llegó Patricio Guzmán de España, donde estuvo estudiando cine, se empezó a producir el documental “El Primer Año”, que trataba sobre el primer año de gobierno de Allende, y que era algo así como la antesala de lo que sería después “La batalla de Chile”, se mantiene el mismo estilo de cine directo. Además, uno en esos momentos sentía la responsabilidad de ser el reportero del día, de andar con una mentalidad cinematequera de guardar los materiales porque después podían ser importantes. Era una cuestión intuitiva, una responsabilidad de todos nosotros de registrar lo que estaba sucediendo.

Cuéntanos sobre la cinemateca de la resistencia y/o del exilio.

La verdad es que Pedro Chaskel era el que tenía una visión más a largo plazo, acá en Chile no había una cultura de cinemateca y eso que la imagen es igual de importante que las bibliotecas. En España yo le propuse a Pedro (Chaskel) crear la cinemateca del exilio y hablamos con la filmoteca española, y nos preguntaban “¿Ustedes quiénes son?” y nosotros les decíamos “La cinemateca de la resistencia y el exilio chileno en formación” (se ríe). Estábamos vendiendo la pomada, pero era una idea genial. Inventamos un catálogo con 15 o 20 películas; nos ayudó la red que tenía la filmoteca española y descubrimos todo el aparataje del franquismo para controlar el cine: las películas eran dobladas en España y eran cambiados los diálogos. Bueno, en la cinemateca se arrendaban películas y recorrimos la mitad de España proyectando películas, era una cuestión súper entretenida. Luego había críticos de cine franceses, alemanes, belgas, que empezaron a saber de cine chileno. A fines de los ‘70 y comienzos de los ‘80 ya teníamos una lista de 30 películas con su resumen, la ficha técnica, etc. En nuestro incipiente centro sistematizábamos las cosas que estaban dispersas. En la cinemateca del exilio había una mezcla de películas desde las de la UP hasta las que se estaban haciendo en plena Dictadura. De todas maneras, lo principal era que la gente en el extranjero supiera lo que estaba pasando en Chile con la dictadura.

Los Puños Frente al Cañón (1975), documental dirigido por Gastón Ancelovici y Orlando Lübbert

Por otro lado, me llama la atención de tus documentales que siempre hay un tema con la memoria, un rescate de ella.

Naturalmente uno siempre tiene cierta fijación con algo, no es que uno lo elija conscientemente sino que sin darse cuenta a uno muy rápidamente le atrae algo, es una cuestión muy exploratoria, te vas dando cuenta de a poco. Dentro de la tradición campesina existe la tradición oral que es la memoria en el fondo, y había gente que eso lo transformaba en cosas escritas, en diarios personales, esto quiere decir que hay una vertiente histórica en cualquier lugar que tiene que ver con la preservación de la memoria. Esto está muy ligado con la naturaleza de la humanidad, desde la biblia para adelante existe esa obsesión con la memoria (se ríe). Por eso cuando alguien te cuenta una historia uno sabe que eso es la puntita del iceberg y que debe haber muchas cosas más. Generalmente, eso pasa en todos los temas, la pretensión que uno tiene de abordar un tema, pero después de hacer una investigación preliminar el tema se abre y va más allá del tema que tú te imaginaste.

De todas maneras una obra nunca podrá llegar a retratar totalmente lo que en realidad se siente en un momento determinado, por ejemplo eso sucede con el cine de la UP. Una obra sí puede abrir un discurso, dar pie a algo, pero nunca abordarlo de una manera que realmente se asemeje a la realidad. Siempre va a existir esa distancia por eso urge articular formas de abordar eso. También como un compromiso por la memoria y con una construcción de un imaginario país. Actualmente no hay un cine comprometido, y cuando se rememora se mencionan sólo ciertos tópicos.

Cuando uno está con ejes temáticos en la memoria, parece como cosa obsesiva, pero lo que pasa es que uno está viendo la memoria del presente, la memoria no es historia. La memoria es que tú encuentras a la gente que te cuenta muchas cosas desde el presente y tú ves que estás como siempre en flashback; de repente de ese flashback te saltas para adelante. Hay gente que está en flashback, pero de repente ve más lejos de lo que tú estás viendo en este momento, y eso es llevado a una expresión. Ojalá yo pudiera hacer eso en mi obra.

Retomando lo que decía, en las películas de la época de la UP había quizás como un cierto idealismo. Siempre me pareció que en esa época había casi como un romanticismo en el momento mismo, o quizás esa es la impresión que tiene uno, porque igual hay una visión un tanto romántica de esa época que se ha trasmitido. En los documentales siempre se muestra a la gente fervorosa por Allende y todo eso, pero uno se pregunta ¿Realmente habrá sido así o es la construcción del documental, que finalmente es la visión del realizador y no la del momento en sí?

Es bien difícil saber dónde empieza uno y dónde empieza lo otro.

¿Dónde esté la realidad y el mito que se construye?

Por ejemplo yo comprendí claramente, cuando descubrí que había un potencial de filmar en pleno período de dictadura, que la gente que filmaba, los que nos conocíamos, eran continuadores de los mismo equipos que nosotros habíamos empezado a formar antes del ’73 y que no había desaparecido eso sino que se sumaba otra gente. Esta cosa es bastante más dialéctica de lo que uno se imagina en términos de cómo se van dando las sumatorias y los saltos cualitativos, pero uno dice “bueno, es pega para los historiadores, ellos después verán” y es bueno que hayan historiadores, ellos son los que más sistematizan después. Pero también uno siente que hay que transmitir una información más inmediata porque hay lagunas que después quedan que no se pueden rellenar, además ¿Por qué darle toda esa pega al historiador?. Hay una responsabilidad de todos nosotros y eso se da, por ejemplo con toda esta cosa de cómo se han dado los 40 años, o sea, si uno estaba en el mes de marzo del 2013 y decía a los 40 años puede que suceda tal cosa (ustedes me corrigen, yo miro las cosas desde otro ángulo), era difícil, hay algunos que tuvieron como chispazos, que de repente tú notas que se anticiparon un poco más, otros que están mucho más rezagados, ahora ¿Por qué los 40 años? Ese es el documental que está por hacerse casi, porque así como existe el 2011, yo diría que es el 2011 y el 2013.

O sea, para este año, yo tengo la impresión de que hubo un pequeño punto de inflexión, estuvo más asumido el tema del Golpe en sí, está mucho más asimilado, es un poco menos incómodo a nivel social, aunque sigue siendo incómodo asumirlo a ratos y ver todas las aristas que trajo el Golpe como la dictadura misma. Porque muchos consideran que hubo Golpe, pero que después no hubo dictadura, se hace una separación.

Ese dilema está planteado igual a los 30 años ¿Por qué en los 30 años no se produce lo que se produce a los 40? ¿Qué otros ingredientes hay, por qué si uno batió huevo y la cosa subió, pero otras veces se batió y quedaba a medio camino?

Yo creo también actualmente que después del 2011 hubo un despertar para buscar un proyecto país que fue quebrado con el Golpe de Estado y que aún no se ha recuperado, antes de eso no nos habíamos planteado para dónde vamos o para dónde queremos ir.

Mira, yo siento que el cine del vuelco del 2011 está por hacerse. Yo veo desde la distancia que hay gente trabajando, más de la generación de ustedes que estuvo metida “en la chuchoca” como se dice, que se queda con un registro sobre cosas que siguen pasando o cosas que uno mismo no está viendo. Y eso es lo mismo que generacionalmente hablando puede haber sucedido, no quiero generalizar y tampoco quiero construir una teoría, pero uno empieza como a detectar de que su 2011 fue nuestro 1968 y no es que el movimiento o la reforma universitaria del ’67 fue lo que generó la fuerza que hubo detrás de Allende candidato a la presidencia por cuarta vez. Hay momentos en que de repente como que se produce una confluencia absoluta, que no son al azar tampoco, bueno los historiadores dicen “eso está muy reciente y hay que esperar unos diez años para poder decir algo porque la historia reciente no es historia” y empiezan a sacar mil teorías, que yo respeto, pero uno es más cronista y queda más metido en la urgencia de que tú ves que van a confluir cosas. O sea tú vivías la revuelta estudiantil del ’68, pero la campanita de la revolución cubana te sonaba día por medio y ¿Qué conecte tenía eso? Era muy difícil de hacer la conexión en ese momento. Yo tenía una proyección política, ideológica, esperanzas, ilusiones, sueños, si al final uno se nutría de puros sueños. O sea, si no había un elemento que gatillara pegarse la volada, la cosa se empezaba a desinflar. Entonces la llegada del triunfo de Allende nos pegó un empujón más y ese empujón fue tan remecedor, digo así bien metafóricamente hablando que o esto desembocaba como desembocó, o pasaba no sé qué otra cosa y eso tú no lo medías el ‘70 mismo, o sea la intensidad de los tres años del gobierno de Allende, era tan vertiginosa toda la cosa.

Siento que después del 2011 fue el despertar, claro partió el 2006 y siguió el 2011.

Pero históricamente, cuando investigábamos el tema con Orlando (Lübbert) sobre “Los Puños frente al Cañón”, o sea las revueltas estudiantiles siempre fueron cruciales en el siglo XX, cuando nosotros nos metimos en los años ’30 y uno empezaba a comprender cosas que estaban pasando en las universidades, dos o cinco años antes ya había la “mansa crema” en las universidades, que de repente a eso se sumaban otros factores, habían otras crisis, venían crisis económicas, o que venía el desmoronamiento de la oligarquía, que uno nunca sabía que se iba a producir más o menos en esa misma época, y se producían. Bueno, los historiadores dicen que siempre los estudiantes se anticipan, la cosa estudiantil siempre son una anticipación de cosas que van a pasar, a veces no es sinónimo de que van a pasar cosas tremendas tampoco, pero son catalizadores de una suma de cosas que están acumulándose, que se va a desmadrar todo.

Chacabuco, Memoria del Silencio (2001), documental dirigido por Gastón Ancelovici
(Fuente: http://www.cinechile.cl)

Es que después de la generación que hubo en los ‘90, que era como muy del “no estoy ni ahí”, a tener ahora este despertar, donde los jóvenes incluso los que son secundarios, están súper comprometidos, se genera una opinión que antes no se daba. Quizás eso ha sido como una de las cosas “buenas”, entre comillas, del gobierno de Piñera ya que se generó una oposición súper fuerte y más notoria.

Hay un conecte. Yo me puedo conectar más fácilmente con la generación de ustedes, pero es mucho más complicado con la generación del ‘90, no porque sean más o menos politizados, sino que más fácilmente como que encontramos temas comunes con la generación de ahora. Igual no es solamente que los jóvenes de los ‘90 “no estuvieran ni ahí”, es que las experiencias también son totalmente distintas. Y eso es bastante excepcional, que se conecte como la 1era y 3ra generación, y la del medio que está como en otra área, a pesar de que hay puentes. (…) O sea, yo he escuchado elogios a la juventud chilena de gente pasada de los 60 años. Como que volvieron a sentirse como 20 años más jóvenes.

Quizás ahora nuestra generación tiene más distancia con lo que pasó, que la generación del ’90 que igual creció en Dictadura. Nosotros tenemos más distancia lo podemos ver desde otro punto de vista. Pero tú viniendo desde afuera, ¿Cómo ves Chile en sí, ahora? Siempre está la mirada de los que salieron al exilio y después volvieron, y dicen que es como otro Chile.

Yo no me atrevo a generalizar. Influye mucho dónde uno está, en qué lugar está viviendo afuera, eso también es fuerte. Depende qué actividad haces. Yo por mi formación tengo la cosa de documentalista, o sea, salgo a la calle como si anduviera con cámara, no tengo horario, yo escojo con quien quiero y con quien no quiero verme. Es una situación bien privilegiada, y al mismo tiempo está la cosa cotidiana, que es otra cosa, tomar transporte, escuchar todo lo bueno o lo enredado que está el país. Es como que tú estás y no estás al mismo tiempo. Y uno en el fondo cambia también. No es solamente que el país cambia sino que uno cambia. Y esa dualidad uno tiene que manejarla bien, regular más. Yo me acuerdo de la gente como yo, volvíamos y encontrábamos todo malo, pero lo de afuera era fantástico. Eso provocaba muchos líos, pero uno mismo no estaba plenamente consciente, uno tenía que autocensurarse mucho, pero tampoco estaba inventando historias que no existieran. Entonces tú te empiezas a meter en toda una complejidad identitaria de Chile, que al mismo tiempo tú la pierdes un poco afuera, pero como a los 15 días te empieza a reaparecer, la tienes adentro y no eres tan gringo como creías. Y ya al mes ya estás hablando “weón” para todo, y tú ni siquiera lo tenías como muletilla, y es porque está en tu ADN y no estás muy consciente de la cosa, y ese proceso es muy personal (…) Y los niños que nacieron afuera, que están como con una mitificación así extrema de Chile por lo que le transmitieron los papás, esa cosa bien chauvinista “no, a ti te impresiona esta cuestión, pero tú no conociste los paisajes de Chile, cuando seas mayor tenís que ir a visitar Chiloé” y los papás te venden así que la última “chupá del mate” es Chile, que es su visión de nostalgia (…) O la gente que hasta el día de hoy te dice “¿Cómo está compañero? ¿Y, resiste bien el exilio? Yo les digo “¿cuál exilio?”-“No me diga que usted no está exiliado”. Y cambias una coma a veces y tienes una mocha hiper complicada. Una vez me dijeron “¿Y lo dejaron entrar la última vez que fue?” – “sí, no tuve ni un problema” y te empiezan a hablar de una normalidad que no es la normalidad de los ‘70-‘80 y te dicen “Bueno, es que uno no sabe bien cómo llamar a la cosa si no es así” y toman consciencia de que en el fondo son inmigrantes (…) Y al mismo tiempo uno, es más chauvinista que cualquiera, no se po’, no se pueden imaginar un 18 de septiembre afuera, la gente pasa todo septiembre comiendo empanadas todo los días, no hay choclos pero inventan pastel de choclo con no sé qué cosa, todos los fines de semana hay unas peñas, los cabros chicos, pobre que no sepan bailar cueca, los niños de 8-10 años todos pasan por clases de cueca. “Que son exagerados, hay que defender la cultura y la chilenidad” te dicen “si a estos cabros no tienes por qué obligarlos que bailen cueca mejor que tú” uno le dice, “no, si hay que transmitirlo” te responden. Es así, todo extremo (…) Tú ves gente que aquí ha vuelto y después de estar 5 años está desesperada, no logra adaptarse y te dice “Chile ya no es lo mismo” y te habla de una nostalgia de un Chile que hasta por ahí nomás existe. Lo que pasa es que ellos no quieren asumir que también cambiaron mucho, entonces es un lío ¿Dónde está ese país que cambió y dónde está esa parte tuya que cambió?

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Obituario: Fenelón Guajardo, el «Charles Bronson Chileno».

Por: Vittorio Farfán / 13 de abril, 2013

El Charles Bronson Chileno: una copia feliz de lo que hay que ser

Recuerdo cuando niño haber visto los recuentos de «Sábados Gigantes», donde “Mario” le gritaba a un chico desnutrido “¡Como va ser el Martin Vargas Chileno, si Martín Vargas es Chileno!”. Mientras, todos se reían del pobre analfabeto con apariencia de boxeador de pueblo.

Un 11 de abril de 2013 Chile se encuentra lleno de “marchas terroristas”, con un presidente empresario de derechas entregado a la tecnología 4G, con ofertas de televisores Led Full HD. Un 11 de abril de 2013 fallece Fenelón Guajardo López, más conocido como “El Charles Bronson Chileno”.

Alguna vez Fenelón fue personaje popular de la televisión abierta, como los actuales “Arenito” o “Gallinazo”.  En esa época todavía se veía cine: muchos westerns, películas de americanos matando nazis o detectives que con una magnum acababan con todos los mafiosos de una cuidad. Era el cine “popular” de aquellos años. Fenelón era, ante todo, un sujeto de extracción popular idéntico al actor norteamericano: miraba igual, fumaba cigarros igual, sus pantalones eran iguales…vivía en la piel de Charles Bronson. Pero Fenelón también hablaba y opinaba. Era pintor, aventurero y con enormes ganas de filmar su propia película. Actuó, cantó (grabó su propio disco), bailó, intentó todo lo que cualquier sujeto popular haría por alcanzar la fama, pero pasó al olvido igual que los viejos western del rotativo, al igual que “Sábados Gigantes”, al igual que la austeridad. Chile ya no virutilla el piso ni pasa la enceradora, sino que se endeuda para pagar un televisor o el colegio de los hijos. Hacia el final de la década de los ochenta, el “Charles Bronson Chileno” solo renacía ocasionalmente de la mano de algún periodista que queríarealizar alguna nota graciosa sobre personajes míticos e indefensos.

Fenelón participó en un documental que dirigió Carlos Flores Delpino con Rodrigo Maturana llamado “Idénticamente Iguales”, donde se demuestra, además de su gran ego, como ese Chile comenzaba a avanzar para borra sus propias huellas digitales. Sería su única intervención en una película chilena, dirigiendo incluso la secuencia final en que da vida a una curiosa puesta en escena de una pelea en un bar.

Fenelón es un ícono, un hibrido entre criollo globalizado y sujeto popular anhelante de construir su propia imagen. Pero el tiempo no ha sido ingrato, y quizá es responsable de una tradición que abarca a personajes que oscilan entre Pamela Diaz a Cecilia Bolocco. La presencia del “Charles Bronson Chileno” es un antecedente directo de que Providencia sea una copia piojenta de Manhattan, es un descriptor de nuestra sociedad y de cada uno de nosotros en cuanto a identidad. El “Charles Bronson Chileno” ya no está entre nosotros, pero tenemos imitadores del imitador para rato, incluyendo un Danny Trejo talquino, que perpetúa la leyenda de Fenelón Gajardo.

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Cinco películas de todos los tiempos para ver este verano

Por: Editor / 19 de febrero, 2013

«Pollo con Ciruelas», una de las favoritas del Staff de Séptimo Arte

Si dejas de ver televisión abierta por un rato, te aseguramos que nada cambiará y serás mejor persona. Es por eso que el comité editorial de Séptimo Arte ha reflexionado con extrema rigurosidad para brindar este listado de recomendaciones para alivianar las tardes de sol, sobre todo si te quedaste sin salir de vacaciones. Advertimos que muchas de ellas no se han estrenado en salas chilenas o que tampoco serán repuestas…pero siempre se pueden encontrar. La vida es corta para tanto buen cine que disfrutar, adelante!

Pollo con ciruelas (Marjane Satrapi, 2011)

Con una estética bastante cercana al cómic y una clara influencia de los films de Jean Pierre Jeunet, «Pollo con Ciruelas» es una película que si alguna sala de cine arte se hubiese arriesgado a exhibir en Chile, se habría transformado en un taquillazo indie de la misma manera que fue  «Amelie». La película se vale de diversos recursos (videoclip,animación,efectos digitales) para narrar una historia de amor desamor, desencuentros y pérdidas. De los mismos directores de «Persépolis» y ambientada en el Teherán de 1958, narra la historia de un músico que pierde las ganas de vivir luego que su esposa destruye su violín en un arranque de ira. A partir de esta anécdota, conoceremos la historia de un violinista que ha transitado gran parte de su vida en la melancolía de un amor frustrado. Mezcla de comedia y drama, junto a una singular puesta en escena, «Pollo con ciruelas» puede sacar alguna lágrima a novias sensibles.

El planeta salvaje (Rene Laloux, 1973)

Cine de animación, cine de ciencia ficción, cine de Topor…todo junto en una película que a estas alturas es un clásico aparentemente aún no descubierto por las nuevas generaciones. La historia reza más o menos así: en un mundo apocalíptico, los humanos son meras mascotas de unos seres gigantes denominados Draags, humanoides con forma de pez e inquietantes ojos rojos. Sin embargo, este puntapié del relato no es ni un ápice de lo que depara un film colmado de imágenes emanadas de la cabeza del artista Roland Topor, influenciado fuertemente por Dalí y De Chirico. Tal fue el impacto de esta coproducción entre Francia y Checoslovaquia (cuando aún existía), que David Bowie y Brian Eno escribieron una canción basada en la película, «Fantastic Voyage» del disco Lodger.

Criaturas celestiales (Peter Jackson, 1994)

Es imposible de imaginar, pero efectivamente existía Peter Jackson antes de «El señor de los anillos»…y además era capaz de entregar joyas como «Criaturas Celestiales», considerada por algunos críticos como su mejor película, o al menos su «película seria». Basada en un caso real, narra la historia de dos muchachas adolescentes de un pueblito de Nueva Zelandia en plena década de los cincuenta, donde el conservadurismo, los prejuicios y la ignorancia no impiden una relación cándida en pleno despertar sexual, adornada por la música de Mario Lanza y unos parajes de ensueño. Encerradas en un mundo que interpone la fantasía a su frágil cotidiano, la historia es una tesis sobre la intolerancia del mundo conservador. Fue el debut cinematográfico de Kate Winslet.

Más corazón que odio (John Ford, 1957)  

Que sería de nosotros sin John Ford, sin John Wayne, sin aquella mágica escena de los búfalos muertos, del paisaje del Gran Cañón…escribir sobre esta obra maestra del arte cinematográfico a estas alturas parece inútil e imposible, por tanto solo queda entregar algunos datos de por qué ver «Más corazón que odio» nos hace crecer espiritualmente. Primero, es el patrón de gran parte del cine contemporáneo, pero realizado desde las entrañas del western duro, aquel que persigue a las etnias indígenas y se bate a duelo. Segundo, por que se trata de una película fuertemente sicológica, de la cual bebe -por ejemplo- la ahora muy famosa «No» de Pablo Larraín, con la idea del héroe amalgama de dolor e inexpresividad depositario de la venganza pero también de la salvación. Y tercero, por que es una verdadera lección: de arte, de montaje, de actuación,de fotografía…

 Freaks (Tod Browning, 1932)

Una selección de verano no sería nada sin una película de horror, y pensamos que «Freaks» está entre las 3 mejores películas del género. Y en la práctica, es bastante difícil denominarla «una película de horror». Paradojas más o menos, esta película es la primera que incorpora a personas con malformaciones no como complementos al relato, sino que en roles protagónicos. Si bien se trata de un nada novedoso melodrama, la idea de incorporar a excéntricos personajes de circo causó indignación y repulsión en numerosas personas, lo que obligó a colocar un cartel de advertencia antes del inicio del film. «Freaks» fue dirigida por Tod Browning, el mismo director de la legendaria «Drácula» con Bela Lugosi, y pretende ser una fábula sobre la diferencia y la alteridad en cuerpos que se alejan del canon de belleza, e incluso con  enfermedades que relegan a estas personas a ser trabajadores de circo. Quien no conozca esta película, que corra a Youtube.

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Dossier Nº 5: La posibilidad de una audiencia para el cine chileno

Por: Editor / 06 de enero, 2013

Época de balances y recuentos, Séptimo Arte no ha querido quedarse abajo y hemos realizado este dossier centrándonos en uno de los elementos, a nuestro juicio, dignos de revisión: las audiencias y su relación con el cine chileno.

Si bien 2012 pasará a la historia como «el año del jaguar cinematográfico» dada la generosa oferta de películas, autores, propuestas, estudios críticos, investigaciones, asistencia a salas, restauraciones, doctorados en cine, seminarios y cocktails, y cuando parece que todos quieren hablar de cine chileno -desde entrenadores de fútbol hasta sociólogos-, se hace interesante hacer una inflexión: ¿Quiénes ven cine en Chile? Las posibilidades de un medio como el cine ¿se trabajan en toda sus dimensiones en nuestro país?

Quisimos hacer una reflexión colectiva y horizontal, por tanto en este especial conviven diversas voces y estilos para poder instalar un tema sobre la mesa, sin querer llegar a resolverlo acá. Y es el puntapié a lo que esperamos sea un diálogo mayor, transversal y que contemple a todas las instancias, para que aporte a entender la cultura cinematográfica en su más amplio alcance.

Especial, lo mejor de 2012. 

Hablan los expertos: las 5 mejores películas chilenas del 2012

Cine chileno y audiencias

¿Audiencias? ¿Espectadores? Públicos por Pablo Inostroza

Panorama de la Distribución Alternativa en Chile: ¿Existen las herramienta necesarias para que el Cine Chileno cuente con espectadores? por Camila Pruzzo

Grandes Documentales; Pocas Audiencias por Diego Pino

Reflexiones en torno a la Descentralización y Formación de Audiencias por Carlos Molina

Estrenos nacionales 2012.

Enfrentados a la deriva: Miguel, San Miguel y el cine chileno del 2012por Guillermo Jarpa

Sobre el Documental “Pinochet”: ¿Identidad y memoria? por Luis Horta

¿Qué destapa El destapador? Apuntes sobre el cine, la política y el cuerpo por Pablo Inostroza

“Stefan versus Kramer”: el mercado es así por Luis Horta

Educación física: Palo blanco por Colectivo Miope

“Aquí estoy, aquí no”: La generación del odio por Luis Horta

Estrenos internacionales 2012

El Hobbit: Una película esperada por Camila Pruzzo

Leviathán por David Antich

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Hablan los expertos: las 5 mejores películas chilenas del 2012

Por: Editor / 05 de enero, 2013

Este año no quisimos hacer rankings, ni listados, ni competencias. Este año quisimos dejar hablar a los cineastas, a los críticos, a los programadores de festivales. Éste listado compila las opiniones de diversas personas vinculadas al mundo audiovisual chileno, y que generosamente nos compartieron sus cinco películas chilenas favoritas del año 2012.

Acá va lo mejor del 2012:

Marcelo Morales

Periodista de la Universidad de Chile, es director del sitio www.cinechile.cl, también es periodista de la sección Cultura y crítico de cine del diario La Tercera y del programa «Radiópolis» de Radio Universidad de Chile..

El destapador

(Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda)

Mucho más alegórica que sus anteriores trabajos, es también uno de los más removedores de la dupla Adriazola-Sepúlveda. El cuerpo como última instancia para la rebelión, en un mundo donde el consumo ya se ha apoderado de todos. Un cortometraje mucho más provocador (en forma y fondo) y directo que cualquier película calculadora de efectos festivaleros.

Santo Tomás, entre la iglesia y los pacos

(Juan Carreño y Cristóbal Donoso)

Mientras el documental en general está sumido en revisiones históricas o personales (valorables igualmente), una película que muestre un entorno actual y además invibilizado (niños de poblaciones pobres) es refrescante e impactante. Una película desde los bordes, necesaria y derribadora del mito del desarrollo chileno.

De jueves a domingo

(Dominga Sotomayor)

Un debut prometedor. Una película muy coherente entre lo que dice y cómo lo muestra. Sin aspavientos, ni efectismos dramatúrgicos, es una película de una madurez bastante inusual en nuestro cine. Lo mejor, es que no por eso descuida al espectador, al que siempre acoge con escenas entrañables, emotivas y con toques de humor.

Educación física

(Pablo Cerda)

Otro debut destacable. Una de esas películas que trasunta el cariño hacia el lugar, sus personajes y la historia que quiere contar. Pablo Cerda demuestra su oficio de actor no solo en la pantalla, sino también en guiar al resto del elenco bajo personajes muy cercanos y frescos. Entrañable, además de ser un destacado esfuerzo por definir una generación (la que creció en los 90) extraviada y que no ha madurado.

Las cosas como son

(Fernando Lavanderos)

En estas último tiempo Santiago se está buscando retratar Santiago con un encanto algo exacerbado. En esta cinta se le ve lindo, pero sutilmente se le cuelan fisuras que la hacen creíble. Eso gracias a unos personajes igualmente fisurados y llenos de trabas. Una buena historia llevada con la mano de un director con total oficio.

Marco Díaz

Productor de cine y académico, es productor de películas como “La Jubilada” (Jairo Boisier, 2011), “Metro Cuadrado” (Nayra Ilic, 2011), Queso Pimentón (Fernando lavanderos, 2010) y series de televisión como “Historias del Cine Chileno” y “La Ruta Olvidada” que también dirigió. Es director del Festival de Cortometrajes de Talca.

LA NOCHE DE ENFRENTE

Solo un maestro de los kilates de Ruiz puede entregar un testamento fílmico y de vida como este film que transcurre y fluye por los recuerdos de un profesor que esta punto de retirarse. Actuación impresionante de Sergio Hernández.

LA CICATRIZ

Cortometraje ganador del festival de Talca, impresionante relato documental que enlaza las heridas físicas de una anciana con sus heridas emocionales y aquellas que marcaron su vida más particular y otras de tonos más sociales. Emocionante.

EL CIRCUITO DE ROMAN

Inteligente y atractiva, un oasis en la desolada e ínfima materia gris de nuestro cine.

MI ÚLTIMO ROUND

Entretenida, densa, valiente, nos habla con total normalidad de un tema que muchos de nuestros realizadores no podrían ni siquiera acercarse a husmear, película que abre caminos, que busca e indaga en un chile verdadero.

STEFAN VS KRAMER

“Engatuzar” a mas de dos millones de espectadores  tiene su mérito, ¿o no?

Iván Pinto

Investigador independiente chileno, crítico de cine y profesor de teoría del cine.
 Editor de lafuga.cl, revista on line de crítica de cine y http://elagentecine.wordpress.com, blog de comentarios y reseñas sobre cine.

1.- Verano. El trabajo de un cineasta que ha ido profundizando en su búsqueda personal.  Un trabajo que propone la  materialidad – sonora y visual- del cine por sobre otros elementos (discurso, «contenido», «drama» «historia»), y lo acerca bastante al cine experimental. Una película de estructura libre que propone el placer espectatorial como su principal motor.

2.- El destapador. Su materialismo es otro: política y cuerpo. Si en Pejesapo Sepulveda desmontaba el realismo social como modo de construcción retórica, extremando sus límites con el documental, y en Mitómana la relación entre ficción, actuación y política, en una película que va desmontando sus recursos, El destapador «destapa» el nudo ciego entre relato y política, llevando al extremo relación entre discurso y acto. Una película que deja en un punto específico la idea de «radicalización».

3.-El otro día. No puede leerse en perspectiva de aquello que «no» hace, si no en el marco de ciertas constantes autorales y de una búsqueda de dos especificidades, la cinemática y la documental. Azar y gasto se conjugan en una poética de los tiempos y el detalle, donde Agüero establece una reflexión sobre el habitar: en la ciudad, en la intimidad.

4.- La noche de enfrente. Exuda a un Chile de la infancia.. Posiblemente Ruiz haya imaginado para sí mismo un Chile intemporal, ciertas imágenes pregnantes de las cuales no quiso o no pudo salir, un pueblo de fantasmas, virtualidades, objetos, radios, pensiones, prostitutas, piratas. Un mundo de varios «Ruiz» virtuales: el de la infancia, el de la adultez, el de la vejez, que conviven a la espera de la noche definitiva que asoma en la ventana.

5.- NO. Sofisticada y algo pilla. Larraín no desmonta si no pervierte los imaginarios de izquierda, vaciando su sentido. De No rescatamos su juego con materia y objeto del archivo, así como colocar al centro de su narrativa la relación entre mercado, narración y política. No es un relato nihilista que acompaña como telón de fondo algunas disyuntivas al fondo de las moviliizaciones, su fantasma: la política.

BONUS

Hija. La ví en el 2011 pero se estrenó el 2012, de todos modos debería estar. Es un documental que parte de la búsqueda del padre desde la autobiografía para luego desmontar simbólicamente «la búsqueda del padre», con todas sus implicancias. Es sutil, leve, dramática, irónica y jamás ajena a la complicidad.

Colectivo Miope

Organización unipersonal dedicada a la realización y difusión de cine, aun a costa de su autodestrucción financiera, familiar, gremial, social y/o moral.

Antes de responder la pregunta debo hacer un aclaración: aun siendo un obcecado espectador de cine nacional no pude ver los 27 estrenos comerciales que ofreció este fértil (o promiscuo) 2012. En parte porque el visionado/análisis/escritura no forma parte de mi rutina de trabajo aun cuando la desarrolle con particular agrado, y en parte porque justamente por eso las razones que me motivaron a sí ver las 6 piezas estrenadas que visioné fueron una mezcla de subjetividades casi infames, las siguientes: química e ideología, una pizca de inclinación por determinado tono y factura, el asunto que cada película ofrecía a nivel argumental y, finalmente, la forma de su estrategia. No considere en mi criterio:  reputación de director, costo/beneficio, “estrellas”, temáticas concretas, repercusiones en festivales ni laureles. Dicho esto, testifico entonces, respecto la cartelera comercial:

Las (seis) que ví: El circuito de Román, Hija, La primavera de Chile, Mi ultimo round, No, Pérez.

Las que tuve en la mira, pero no vi: Bonsái, Joven y alocada, El año del tigre, Otra película de amor, Verano, Bahía Azul.

Las que simplemente no logré convencerme de ver: ¿Alguien ha visto a Lupita?, Balmes, el doble exilio de la pintura, Bombal, Caleuche, el llamado del mar, El eco de las canciones, El lenguaje del tiempo, La lección de pintura, La noche de enfrente, Mapa para conversar, Marcelo, la mafia y la estafa, Miguel San Miguel, Paseo de oficina, Sal, Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe, Stefan v/s Kramer.

Lo segundo es que me resulta clave definir que entiendo, para este asunto, por “mejores”. La expresión me parece tan abstracta como engañosa, y ya que el juicio aquí debiera ser comparativo pero dado que el universo (visto) es tan reducido debo recurrir a otras ventanas tanto o más legítimas que la cartelera oficial; el circuito extraoficial público, pero no necesariamente comercial, Internet (material dispuesto oficialmente con la autorización de sus realizadores) y los festivales. La televisión no la cuento pues no estrena películas chilenas y cuando las emite es tarde, mal y nunca. Añado con no poco escozor: la empedernida escasez de cine chileno en televisión local me obliga a creer lo siguiente; los cerebros detrás de las decisiones de programación de la televisión chilena desprecian de manera recalcitrante y sistemática el cine chileno (de corto y largometraje), principalmente porque no lo conocen, lo tratan como a un hijo descarriado o no deseado, lo aceptan de mala gana ofreciéndole lo mínimo pero en el fondo desean secretamente su deceso. Al no dedicarle, ellos, tiempo para apreciar alguna mínima parte, la impotencia por no saber abordar aquella presencia les abruma y colapsa para finalmente resultarles indiferente su destino y de paso, por extensión, terminan des incentivando algún tipo de interés que el espectador de televisión pueda generar mediante la apreciación sostenida de material local.

Entonces, el circuito extraoficial público + Internet + los festivales, posibilitaron que haya podido visionar –entre otros– los siguientes largometrajes de sobresaliente propuesta, producidos o co-producidos por alguna empresa o persona natural chilena:

El Destapador (cortometraje), Educación Física, Cuentos sobre el futuro, Pena de Muerte, Ruidos del alma, con Gonzalo Araya (cortometraje), El Huaso, Las cosas como son, Los Rockers, Las Mujeres del pasajero (mediometraje).

Finalmente, queriendo ser diverso y justo en la selección requerida, y ciñéndome estrictamente sólo a cinco, y no necesariamente en orden, me parece que las mejores del 2012 son:

-Mi ultimo round

-El circuito de Román

-Hija

-Pena de Muerte

-Las Cosas como son

El por qué de las cinco

-Mi ultimo round: Integra con sensibilidad pero también con fuerza un tema contingente en un contexto tradicionalmente masculino cargado de clichés y mitos pero aquí tratados con inteligencia, eficacia y madurez. Nada parece forzado ni pretencioso, ni menos aun oportunista. Su desarrollo, puesta en escena, su búsqueda sobria y a la vez desafiante convierte a la película en una pieza armónica y logradísima; como producto, como esbozo de problemáticas y como vistazo a ciertas zonas de varias idiosincrasias nacionales. Una película de principio a fin, entretenimiento, emoción y buena factura. Pareciera todo demasiado correcto pero muchas veces se agradece el orden.

-El circuito de Román: A partir de determinadas teorías de neurociencia supeditadas a las inseguridades de su protagonista se construye un entramado de ideas laterales que justamente por no asirse del todo en un primer visionado hacen de esta experiencia algo totalmente inusual y en gran medida adictivo.  Como buen puzzle, como buen problema de lógica, la película obliga a ponerse en sintonía con un recurso aquí clave, tradicionalmente elemental, pero también nunca del todo explotado en el cine; el montaje. Hablar de esta película puede llegar a ser peligrosamente abstracto. Su argumento existe, funciona, avanza con su propia naturaleza pero sin el sustrato teórico que interviene delante poco importaría. Como ejercicio, como propuesta y como búsqueda de genérica incluso, sobresale satisfactoriamente a pesar de parecer de a momentos “cerebral”. Y que bueno que lo sea y lo logre sin cansar ni fanfarronear.

-Hija: Nuevamente la forma es el contenido. Una hija y su madre trepan por Chile tratando descubrir y/o resolver sus trancas. El humor, el desvarío, el metalenguaje y la aventura misma constituyen la sustanciosa composición de este documental-roadmovie-autobiográfico. Exponerse, construirse, deconstruirse, transformarse y además lograr con eso un producto coherente, una película emotiva, está por sobre todo lo visto. Esta película va más allá de su inexistente destino…dónde quiera que esté ese no-lugar.

-Pena de Muerte: La capacidad de integrar diferentes niveles a una pieza hace de este documental algo dinámico y complejo; un catalizador de discusiones e intrigantes teorías. Aborda un caso real, disecciona rutas, escarba el pasado y lo confronta con reconstrucciones minuciosas que a través de un dispositivo de entrevistas interactivas que replantea las posibilidades del género sin dejar de ser un constructo documental. Se vuelve tradicional y moderno, simple pero difícil. Nuevamente la capacidad de sintetizar un cúmulo de anécdotas y reportes en apariencia reiterativos y lograr asir lo universal, son rasgos fundamentales de una inteligencia que aquí se materializada en un puñado de sonidos e imágenes devienen en una construcción enigmática y sus eventuales conclusiones, casi terroríficas.

-Las Cosas como son: Una ficción de tipo “realista”, un puñado de situaciones sencillas pero que van creciendo en intensidad interna. De la mano de un administrador duro que al parecer no lo es tanto se erige un relato complejísimo, derechamente moral, y sus personajes llenos de grietas protegidas por sus discursos bien prefabricados. Un hervidero de conflictos sociales y de relaciones interpersonales quebradas antes de concretarse. De a momentos una película misteriosa, triste y cruda, sumergida en tensiones y ocultamientos solo catastróficos. Una película que se vale del guión y las no-actuaciones de una forma tan transparente que aterra.

Hay algo -y tal vez mucho más- que tienen en común estos largometrajes; su radical y desafiante coherencia con sus respectivas promesas, estructuras y tonos. Son películas armónicas hasta lo insoportable, abrumadoramente casi geométricas, y no por ello previsibles. Jamás. Creo que todas funcionan como 5 pilares sólidos de una gran estructura que representa de esta manera la diversidad del cine contemporáneo chileno del 2012. Éstas, a la vez, alineadas, manifiestan una fuerza tal -por el grado de conciencia y lucidez en sus formas, presencias y posturas- que en toda la heterogeneidad temática y formal que recorren no dejan de tener un lazo férreo, que las emparenta por su calidad como productos y como instancias de catarsis bellamente resueltas.

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Educación física: Palo blanco.

Por: Colectivo Miope / 05 de enero, 2013

“Los hombres que adquieren cuando pueden hacerlo serán alabados y nadie los censurará. Pero, cuando no pueden ni quieren hacerlo cuando conviene, serán tachados de error y todos les vituperarán”.

Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe”. 1513.

“Yo creo en la provincia”, testificó Pablo Cerda (parafraseando a Bonasera), protagonista y director de Educación Física, en el estreno universal de éste su primer largometraje, el pasado jueves 13 de diciembre en la Cineteca Nacional. En diferido, el mismo día, se liberaba la película vía Cinepata.com, socio estratégico de ésta.

Es en la provinciana república del universo web donde esta noble máxima se está poniendo a prueba, de forma cuantitativa, estadísticamente, para de esta manera extender su alcance de forma insospechada y generar extrapolaciones redituables en lugares múltiples e inimaginables. He ahí la gracia, el sentido y la sustentabilidad de “compartir” estratégicamente los contenidos por Internet y, de esta manera, no aceptar someterse exclusivamente a que el trabajo realizado se defina únicamente en la cronométrica arena presencial. “Los que vamos a sobrevivir, además, no nos conformamos solo con saludar”, sería la moral acá esgrimida (parafraseo rebuscadamente, ahora, a los gladiadores).

Apenas hace una década los contenidos en línea eran una alternativa inestable y marginal –incluso de la ley; a los ascendentes precios de las salas comerciales, a la estrecha oferta de sandias caladas, o incluso una respuesta cercana a cierta fobia social contra aquel encuentro público. Si bien el terreno virtual aun no está pavimentado ni iluminado, ni mucho menos del todo regulado –sino más bien plagado de salteadores de caminos–, tampoco ofrece un escenario más estable el conducto regular, donde el ultraje y el linchamiento está garantizado por el mercado.

Y por otro lado, depende, entonces, de la madurez o mejor dicho de la autoconsciencia del público en no convertirse en un número pasivo, o peor aun, paralelamente por eso mismo, en un Ariel Roth (Pablo Cerda en Velódromo), el niño símbolo de cierto enajenante consumismo virtual, quien tragaba mucho pero se nutría nada, metía su cabeza en la pantalla luminosa que además usaba como barbitúrico. Recordemos; sus relaciones interpersonales quedaban mustias y los contenidos vistos rápidamente olvidados o acaso nunca realmente resignificados.

Como sea, volviendo a la Cineteca Nacional; comienza la proyección. Los cuerpos se predisponen. Los ánimos se aquietan. Las respiraciones y otros ruidos fisiológicos llegan al primer plano sonoro. El espacio aísla de preocupaciones hogareñas y focaliza la atención al frente. Existe un encuentro, un roce y un contacto cómplice e implícito que altera la percepción, nutre y complejiza la experiencia de principio a fin. Y ésto, no es nostalgia, es contrato social, por visceral que parezca.

En su debut, Cerda aplicó lo más respetable de su experiencia actoral con Fuguet (Velódromo y Música Campesina) y devastó –para su mérito– todo lo neurótico y odioso de aquellas personalidades, sin perjuicio de que el tipo de personaje sea, aquí incluso, el mismo (un no-emprendedor, cómodo e imperturbable solitario, pero aquí sí algo querible), mas sus herramientas -adquiridas por idiosincrasia y contexto- considerablemente diferentes. Rescató, entonces, de aquella lógica “garage”, también, el factor productivo, el que induce a depositar el peso en el guión, en lo actoral y en cierta mesura técnica pero sin despreocupar la visualidad correcta que se permitió.

Se revelan las primeras imágenes de Educación Física: espacios abiertos y el cansino transitar de su protagonista, Exequiel (Pablo Cerda), durante varios minutos por San Antonio. El público se deja seducir por los momentos simpáticos y evidencia ansias de reír, hasta con lo más inane. Luego, aparece, cuando el protagonista revela sus tres grandes cilindros adiposos, a un costado del plano, el título de la película; un presagio encriptado de mucho de lo que emergerá a partir de su sigla; “Esmeradamente Fuguetiano”, “Escasamente Fálico”, “Escisión Familiar”, “Engañosamente Fútil”…

Pero tampoco seria justo circunscribir el debut netamente a partir de la experiencia con Fuguet, pues con su productora -La Nena- Pablo Cerda ha estado desarrollando producciones de tono similar a lo intentado en E.F. Por ejemplo, y de forma muy emparentada, lo hizo en el cortometraje Domingo (2009), donde un joven irritable, el mismo Cerda, vive un encuentro doméstico más bien forzado (ficcional pero hiperrealista), plagado de incomodidades e incompetencias varias, con su lacónico padre (real).

En Educación Física, desarrollando aquella idea primigenia de Domingo, Exequiel es un tibio profesor treintón, conduce con múltiples falencias pedagógicas clases de educación física a niños (víctimas colaterales y futuros Exequieles); se alimenta desordenadamente, y alimenta, también, mediante insalubres conversaciones –poseedoras de un notorio malestar– la relación que lleva con su padre anciano (Tomas Vidiella), con quien convive –al parecer– desde siempre, es decir, sin periodos de independencia. Su progenitor no está desahuciado pero sí aparenta un visible deterioro y cansancio propio de su edad, o mas bien a causa del colesterol acumulado por la gula enraizada en el Hollyfood, que con los sucedáneos se constituyen como únicos espacios de comunión familiar (además de la televisión; nuestro computador portátil actual). El padre intenta transmitir algunos axiomas de viejo sabio, supuestamente útiles, pero ya es demasiado tarde, Exequiel se limita a acompañarlo y hasta escucharlo. Se atrofia en este transe, tal vez, pero en el fondo la situación es tan estable y apacible que basta fantasear migraciones con cierta verosimilitud para asumir que vivir más solos de lo que ya están no da a lugar.

La vida de Exequiel se mueve igual que sus reiteradas sesiones de basketball; solitaria pero vital, eficiente pero no competitiva, cadenciosa y armónicamente rutinaria pero no necesariamente infeliz, y –algo nada insignificante– aquellas preocupaciones y presiones externas convencionales e impertinentes asociadas a “madurar” y “crecer”, para él, al menos durante un buen rato, no existen…porque realmente no existen. Mal que mal tiene trabajo y se mantiene. Solo alguien con ínfulas de juez (fracasado) o de padre (malogrado) podría reprocharle la supuesta carencia de virilidad emprendedora que realmente él no requiere. Que el espectador lo quiera para si mismo apropósito de Exequiel ya es otra cosa.

Nadie duda que Exequiel posea un temperamento templado, llano, limitado, y hasta tontorrón. Probablemente consecuencia de muy pocos estímulos (tal vez tuvo profesores como él), y que la representación dada sugiera cierta piedad condescendiente con el personaje, pero no. Esto es un embeleco (inteligente) que tal como está, y por el contrario, pone a prueba al séquito de emprendedores y triunfadores que curiosa y sospechosamente pululan en torno a Exequiel extrapolando no pocas frustraciones y ansiedades propias. Pretendiendo incluso responsabilizarlo a él, ahora, al verlo lento y hasta débil, de sus respectivos insatisfacciones o malas maniobras.

Si es que nos planteamos supuestamente más maduros, resueltos, cojonudos y perspicaces que Exequiel, el bochorno no se debería proyectar. Exequiel, por de pronto, se te planta en las narices, como un espejo, entregándote la posta de algo más duro, lo que a la larga necesariamente gatilla incomodidades y revisiones personales, generalmente tanto más perturbadoras, ocultables y reprochables que la güata sebosa y las tetas marchitas del protagonista.

Ahora bien, yendo un poco más allá, todo aquel que haya vivido en -o conocido- alguna ciudad de provincia puede comprender qué pasa por la cabeza del protagonista, quien claramente nunca ha salido de su ciudad, que probablemente nunca tuvo “el valor” de salir o, mejor dicho, la necesidad. Su cultura, tiene que ver con una constante procrastinación de los asuntos dada por las cercanías geográficas y los lazos igualmente inmediatos de las urbes pequeñas. Y convengamos que Exequiel no es peor que su país, que –igual de pragmático en su metro cuadrado– está acostumbrado a meter la mano en la tierra y obtener todo; cobre, frutas, verduras y cuanta materia prima haya ¿Para qué, entonces, pensar o hacer más de la cuenta? No se puede exportar lo que no se tiene o desarrolla. No se puede salir a dar jugo. Exequiel –limitado y todo–,  algo de esto comprende, y le hacen pagar el precio por aceptar ser quien es.

 “Yo estoy bien, y esta es mi casa”, dice Exequiel con dignidad, en un momento clave, con esa seguridad que nunca explicitó pero que siempre tuvo.