Especial: / Artículos /

"Quiero entrar" o la vanidad desnuda

por

octubre 14, 2011 | No hay comentarios


Warning: Illegal string offset 'source' in /home/racl/public_html/web/wp-content/themes/calculon/single.php on line 61


Sala repleta y sin duda la película que más risas ha sacado en este festival, Quiero entrar de Roberto Farías debe ser lo mas audaz que hemos visto en términos cinematográficos en la producción local del año. Fotografiada por Niles Atallah (Lucía), la película de Farías oscila entre la comedia dura y la reflexión cruel. Cruel, porque retrata la historia de un hombre que quiere ser un actor famoso, y la película le entrega posibilidades para serlo. Así, este actor que se ha paseado como extra de cuanta serie B de televisión ha existido, como público en estelares o como el señor de la fila en el comercial de bancos, tiene la posibilidad de protagonizar un film sin cabeza ni pies, azaroso, con fotografía sucia o que mezcla grabaciones de video en EP con puestas en escena surrealistas como la fiesta gay-snob.

Exhibir esta película en Valdivia es un guantazo, porque trae a pantalla de forma incorrecta los mismos vicios que la vanidad farandulera establece como cualidad. Es decir, se sitúa como un experimento crítico del sistema, además obviando la lógica del film «de festivales», esto es, siendo una película poco habitual pero a la vez tremendamente subversiva.

Hablada de muy mala manera, y con un desfile de actores y actrices reconocidos (y reconocibles), Quiero entrar es el grito desesperado de los «no cineastas», o mejor dicho, de aquellos que hacen cine por lo que vale la pena: la experimentación y el discurso.

Prima lejana de El Charles Bronson chileno, aquel mítico film de Carlos Flores de fines de los años setenta, Quiero entrar es precisamente un film realizado por un actor y para los actores. Un gesto de cariño hacia quienes son utilizados por el sistema, que los utiliza cual títeres en su anhelo de reconocimiento. La vanidad de la muy compuesta Cecilia Bolocco tratando de que nuestro protagonista nos explique «por qué quiere ser famoso» es obviamente una metáfora enorme de los eventos, del glamour, de las ganas de ser algo que no se es.

Los «rostros» acá son los tristes, y los aspirantes a rostro son la representación de un país que vive en su imagen, de una ingenuidad tan sana como de otro tiempo, que permite hablar de vidas escondidas y manipuladas por el sistema. La vanidad del film se esconde tras su fotografía oscura, low fi, y aparece la vanidad del sistema cruel, que la acoge como rareza y como pieza graciosita, pero con capas de lectura bastante más elaboradas que una comedia indie.

Quiero entrar es una de las apuestas más refrescantes del Festival, filmada casi entera en cámara en mano y heredera de la estética de films como Nadie dijo nada, incluye delirantes actuaciones, en particular del gran Willy Benítez. La cita, la amalgama kitsch, la relectura -de formatos de realización o de piezas audiovisuales previamente grabadas- hacen de este film y en su modestia, una de las obras mas lúcidas de este Festival.