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La Rubia de Kennedy!

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| junio 29, 2011 | No hay comentarios



No existen malas películas… sólo in-com-pren-di-das III

“La rubia de Kennedy” 1995

Dir: Arnaldo Valsecchi

La Rubia de Kennedy realmente es más que un concepto, es más que un mito, es más que un título aparentemente llamativo para una película…

Situada en un limbo del cine chileno, en esa época en que el público en general no sabía cual era o no el cine chileno, en esos difusos años noventa: ¿Eran historias de gente pobre?, ¿Eran historias de gente sola?, ¿Gente sin oportunidades?, ¿Gente que no tenía que comer? ¿Las películas eran íntimas por que no tenían más presupuesto?, ¿Por qué las comedias no hacían reír?

Se hacían tan pocas películas, que toda la familia estaba comprometida con la frase “apoyamos lo que es chileno” e iba al cine… no, en realidad esperaba que la pasaran en televisión… La madre se escandalizaba por las escenas de alcoba que veían sus hijos, el jefe de la familia se aburría por que su formación educacional no le permitía apreciar las complejas elipsis de tiempo y espacio que disfrutábamos en el cine de esa época. Los niños caían en un somnoliento letargo producto del poco conocimiento de las situaciones que supuestamente se planteaban en ese cine chileno, tal vez indirectamente responsable de la desintegración de algunos matrimonios.

De alguna forma esto se ve plasmado en la “búsqueda” de Arnaldo Valsecchi: “La rubia de Kennedy”, apología del aspiracionismo de los 90’ en su etapa menoscabada, ya que Jaime (el protagonista), es un “adulto-joven” al que le gustan los pubs que aparecen en los comerciales de cerveza cara. Jaime conversa con su amigo de que pronto va volver a ser el exitoso publicista que era antes. Volverá a dar empleo rentable a toda la gente que trabaja en su oficina que vende “sueños e ideas”. Pero Jaime no sabe que la película ya había tenido una épica apertura en Chiloé (algo poco acostumbrado en el cine chileno) donde una caricaturizada adolescente perteneciente a una familia de alemanes vestidos como en un spot de galletas para niños a lo Hansel y Gretel pero con libidinosas intenciones, deciden tener un romántico encuentro en el bosque, donde la mujer se encuentra con una especie de ser mitológico de los bosques que muere al ver sus partes intimas y, como buena tradición folklórica, crea una incoherente maldición para su descendencia.

Así, volvemos a la vida de Jaime -que la película nos explica diez veces por cierto-, vida que lo mantiene al borde de la quiebra, y que tiene ser mantenido por su acaudalada novia. Por otro lado su anterior mujer maneja un furgón, vive en un barrio modesto en casa de feas cortinas, representación de cuando el hombre mas libre.

Algo extraño de “La rubia de Kennedy” es el intento por crear una historia, una fábula con elementos muy marcados, donde personajes estereotipados como en un comercial de multitienda funcionan convencionalmente y tienen actitudes funcionales para el relato que a veces parece un thriller donde no sabemos a que hay que tener miedo. Gran parte de la concepción de la película tiene muchos elementos obvios que provienen de la publicidad, la que hace parecer la película un medley de comerciales chilenos de los 80’s y 90’s: la sola idea de concebir el perfume y la rubia de Kennedy es un ejemplo de esto…

Llega a ser tierno pensar que un público promedio se logre conmover con el personaje, ya que en ningún momento lo entendemos. Posteriormente llega a ser casi de las cavernas concebir el concepto de la maldición con el protagonista, agregado a una escena de sexo donde pareciera que a Sebastián Dahm se le estaba saliendo la piedra del cálculo a la vesícula. De una forma extraña se amarra todo esto en una historia: es verdad, el cine es el arte de juntar un montón de gatos, amarrarlos y meterlos a una bolsa, y decir que eso es un perro. Pero en este caso, les quedaron las colas medias sueltas

El problema de esta película y muchas otras del periodo es apelar a la tesis dictatorial de despreciar al público, simplificarlo, considerar que no entendería segundas lecturas. Los personajes tienen que ser sencillos, ya que la narrativa tiene que ser totalmente lineal y, tal vez, la película tiene que ser explicada 8 o 9 veces dentro de ella…

Finalmente “La rubia de Kennedy” intentó resaltar ese mito que sólo le interesa a los matinales y a algún periodista que no sabe con que rellenar las noticias en febrero, dando como resultado el tratar de vender o criticar una sociedad consumista, pero de una forma muy superficial y naïf. Se rescata una blanca y angelical Carolina Fadic, aunque su actuación sea bastante irrelevante, ya que se nota que hasta fue vista de un lado muy funcional, siendo que ella es, finalmente,  “La rubia de Kennedy”.