Artículos / +

Estudio sobre la articulación discursiva en el documental pro dictadura "Chile y su verdad”

por

noviembre 03, 2011 | 1 comentario



El documental “Chile y su verdad” (Aliro Rojas, 1977) se construye a partir de la revisión del archivo de prensa de la época, además de archivo documental, los que pretenden darle un carácter objetivo a la obra, sustentándose en la imagen misma como ente autónomo, por donde no pasa una conciencia subjetiva.

Lo esencial de este documental es el montaje de las imágenes, las que no tienen una correlación entre sí, pero se ven hiladas por el relato alienante que desde el título toma una postura moral: “la verdad”. La veracidad de la narración, a cargo de Hermógenes Pérez de Arce, se sustenta en la supuesta objetividad de las imágenes. Pero, ¿cuál es el origen de estas imágenes? Si no hay una correlación entre ellas es porque lo que omite la narración es el origen, el contexto del que provienen estas imágenes, ya que la narración misma no es analítica sino más bien afirmativa, dice algo para luego sustentarlo con la imagen cuya procedencia desconocemos. Y si la narración es alienante, el montaje del documental va encauzado a demostrar la idea narrada, que es dar cuenta de los sucesos que desencadenaron la necesidad de “salvar a Chile del marxismo”, como cuando se reitera el discurso de Castro en su visita a Chile: “con la verdad, con la verdad, con la verdad, con la razón, con la razón, con la razón, con la moral, con la moral, con la moral”, intercalándolo con las evidencias periodísticas de la corrupción política del gobierno de la Unidad Popular, con el fin de demostrar que se trata de una corrupción moral que atenta contra los tres valores que alienta Castro.

Sin embargo, el documental no cuestiona la objetividad periodística, y cuando lo hace, relativiza la verdad de aquel archivo, haciendo hincapié en su militancia marxista: el periódico marxista, el periodista marxista. De este modo, da a entender que la militancia política significa la relativización de la verdad, y que por ello la verdad implica la no-militancia política, lo que es una contradicción, dado que oponerse a la ideología marxista que el documental le atribuye a los partidarios de la Unidad Popular, significa ya una militancia.

“Chile y su verdad” construye dos mundos antagónicos: el pueblo sobrepasado y el gobierno marxista que corrompe y utiliza al pueblo para construir un país comunista, réplica de los modelos de Cuba y la Unión Soviética.  Básicamente, el documental busca retratar el binomio: los buenos y los malos. Desde el inicio de la narración, se enfatiza la poca adhesión del pueblo con el gobierno electo de Salvador Allende, la estrecha diferencia de votos que vaticina su falta de legitimidad y viabilidad. Este énfasis en que el pueblo no apoya al gobierno, da pie para mostrar que quienes efectivamente apoyan la causa marxista no existen en el pueblo, son entes anónimos que atacan al pueblo. Estos anónimos no tienen rostro, no se muestra a los sujetos, solamente se les nombra como una epidemia que hay que combatir: son los extremistas de la izquierda.

La imagen de la bandera de Chile se exhibe como la representación tácita de una nación amenazada por ideologías foráneas que no gozaban del apoyo del pueblo chileno, sino que eran imposición del gobierno marxista. Chile es la bandera y por tanto el pueblo es ella, por eso en el documental se recurre a la utilización del emblema como sinónimo del pueblo mientras se enfatiza que el gobierno abraza los emblemas marxistas. Para simbolizar esa lejanía entre el gobierno y el pueblo, se muestra en abundancia simbología cubana y soviética, las que para la articulación discursiva atentan contra los emblemas patrios de la nación y, por consiguiente, contra el pueblo.

Las imágenes del enfrentamiento entre el pueblo versus la fuerza pública tienen como propósito cuestionar la legitimidad del gobierno, dado que Carabineros es la personificación del emblema patrio (la bandera). Esta institución se contradice con los emblemas marxistas del gobierno, por tanto la narración del documental destaca “la amarga misión” que cumple la policía, pues enfrentarse al pueblo es enfrentarse a la bandera.

El caos del gobierno se sintetiza en los primeros minutos del documental con un montaje de imágenes bélicas. El inicio del film es justamente el fin del gobierno de la Unidad Popular. Las imágenes hablan de un conflicto heroico, el fin de una batalla caótica, que se expresa en el desorden de las secuencias para luego reestablecer el orden: se limpia la casa para volver a habitarla.

El montaje de las imágenes intercala a los soldados combatientes con la imagen de un sujeto en el balcón de La Moneda con una ametralladora. El sujeto carece de identificación, por lo que al contraponer ambas imágenes se exalta la legitimidad de la acción de las Fuerzas Armadas contra el terrorismo anónimo de un personaje que no pertenece a la institucionalidad, que pasa a ser la cara visible del extremismo de izquierda.

La imagen histórica de La Moneda bombardeada son las cenizas a partir de las cuales hay que construir. Después de la destrucción silenciosa viene la feliz reconstrucción, que une a los sujetos alguna vez divididos. Esta secuencia final ya no es acompañada de ese audio bélico e imágenes caóticas, sino al compás del himno Chile… eres tú.