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Entrevista Leo Pakarati, sobre Te kuhane o te tupuna

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diciembre 01, 2015 | No hay comentarios



 

El pasado 22 de septiembre a las 18:00 hrs. se exhibió en la librería Le Monde diplomatique de Santiago el primer largometraje documental de Leonardo Pakarati (1967), Te Kuhane o te tupuna (El espíritu de los ancestros): Dos ancianos rapa nui necesitan contarle imperiosamente a una niña la historia de Hoa Haka Nanai’a, un moai que fue sacado de la isla en 1868 por europeos. Pero también le cuentan sobre el Mana, esa energía particular que habita estos monolitos de piedra; sobre sus ancestros y sobre lo importante que es tanto este moai como las múltiples piezas que han sido extraídas de la isla y que se encuentran diseminadas y retenidas en museos alrededor del mundo.

La película propone un viaje, una búsqueda por recuperar lo usurpado y además por comprender de qué manera esta energía singular, el Mana, puede restablecer la armonía en una isla conmocionada durante los últimas décadas por toda clase de conflictos tanto internos como con su protector oficial, el Estado chileno.

Hagamos un poco de memoria. Rapa Nui -ubicada en el extremo oriental de la polinesia y distante del continente americano a más de 3.700 kilómetros- fue descubierta para el mundo occidental en 1722 por Jacob Roggeveen, un marino holandés. Durante los siguientes 150 años toda clase de navegantes, incluidos esclavistas, pisaron su suelo. Hacia 1870, y producto de las enfermedades que traían los expedicionarios, la población rapa nui llegó a un punto crítico: 111 personas. En 1888, mediante la gestión del capitán Policarpo Toro con los jefes isleños Rapa Nui fue anexada a Chile, quedando administrativa y políticamente a su cargo. Se materializó el denominado “Acuerdo de Voluntades”, relación que daría cierta estabilidad a un territorio usado malamente por forajidos en su paso a Oceanía. Pero Chile no le dio un trato mejor a los isleños. Durante décadas se les prohibió hablar su lengua, se les castigaba con azotes y hasta se les enviaba a un leprosario ubicado en la misma Rapa Nui.

El documental Te Kuhane o te tupuna observa desde la actualidad todo esto a partir un caso concreto: la reclusión del moai Hoa Haka Nanai’a, un símbolo de este largo proceso de colonización y abuso, con una óptica íntima y a la vez crítica, ligada también con la historia familiar del mismo realizador; que siendo rapa nui nacido en el continente (San Miguel, Santiago) y crecido en dictadura, no pierde un ápice de profunda conexión con los problemas de la isla y su idiosincrasia.

Entrevistamos al director Leonardo Parakarati sobre esta película y su largo proceso de realización luego del conversatorio que sostuvo con la multitudinaria audiencia asistente.

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Leí que usted había estudiado audiovisual ¿Cómo llega a esta carrera?

-Estudié audiovisual a finales de los 80 y comienzos de los noventa….Yo primero estudié literatura y el formato me quedó chico. Por eso me cambié a algo más expresivo. Partí estudiando audiovisual porque es una muy buena forma de contar historias, que es lo que me interesa a mí.

Y en una época donde no era una carrera muy común…

-Para nada común y además sin reconocimiento del Estado. Había un montón de contras, pero a pesar de eso me dio lo mismo, porque era lo que quería y quiero hacer. Y me dediqué a esto. Luego, entre el 1993 hasta el 2010 yo fundé y dirigí el canal de televisión de la isla, Mata o te Rapa Nui. Entonces hacía documentales pequeños, micro-documentales, que tenían que ver con la tradición local, pero después de 15 años de dedicarme a eso fundé un periódico –para mantener mi trabajo social activo– y me dediqué a hacer mis propios proyectos. Renuncié al canal y me dedique a esto otro.

Y ahí surge este proyecto…

-Y luego de eso surge la idea de hacer esto –tengo varios proyectos en paralelo–, pero el que tenia más fuerza y que yo sentía que había una urgencia de hacer esta película justamente porque los viejos de la isla estaban muy enfermos.

¿Qué películas u otra fuente de inspiración o referentes consideró para hacer este documental?

-Mi inspiración está vinculada a la necesidad de contar la historia de mi pueblo.

¿Existiendo miles de piezas rapa nuis desperdigadas por el mundo, porque este moai en particular tiene el protagonismo?

-Porque es único. Está hecho en una piedra distinta a los otros moais. Es un moai que junta dos periodos históricos de la isla. Por un lado es un moai que representa a las personas, a los ancestros. Y por otro, en su espalda tiene los tallados de la época del hombre pájaro, que es la segunda gran época cultural de la isla, antes de que llegaran los occidentales.

En una escena bien especial usted a viva voz le habla a una audiencia sobre la importancia del Mana y del Hoa Haka Nanai’a, en inglés y rapa nui. ¿Cómo llegaron a definir esa escena? ¿Fue planeado o surgió de improviso? ¿Que deseaban transmitir?

-Lo único previsto era que debíamos hacer algo en el museo británico, dar a conocer de alguna forma que hacíamos nosotros ahí, la escena surgió de esa forma y todo lo que digo es improvisado en el momento.

¿Ha habido peticiones formales de las autoridades Rapa Nui al Estado Chileno para que éste gestione la devolución tanto de este Moai como alguna otra pieza?

-No, nunca según nos informaron en los museos que filmamos.

 

Fotograma de Te Kuhane o te tupuna (2015), de Leonardo Pakarati

Consultado sobre la relación entre los museos y todo lo que estos tienen -durante el conversatorio posterior al visionado de la película- Leonardo también mencionó:

-Cuando estuvimos en Europa nos dijeron, tanto en el museo británico como el Quai Branly de Paris, que cuando estos objetos entran al tesoro de esos países estas cosas no se devuelven porque son parte del tesoro de estas naciones. La única forma que se devuelva es que esté en mal estado. O sea, que si nosotros pescáramos el Hoa Haka Nanai’a y lo tumbamos al suelo y lo rompemos, nos lo devuelven. Pero además, en este viaje, en la búsqueda de este Mana, nos hemos encontramos con muchos restos humanos de rapa nui. Ya se han hecho todos los estudios, de ADN, de ancestría genética, de migraciones, que podían dar estos huesos; saber de qué se enfermaba la gente en el pasado, de qué morían etc…. Ya no los necesitan más. Nosotros sentimos hoy, que al ser más posible –porque se trata de un tema de derechos humanos–, es mucho más probable traer esos huesos. Vamos a pelear por el moai, pero los rapa nui también sabemos jugar ajedrez, y nuestro objetivo es traernos el ivi tu puna, los huesos de nuestros ancestros, que también están lejos.

-Créanme que tanto en el Quai Branly como en el Museo Británico hay momias chilenas, objetos de los diaguitas, de los mapuche, de los aymaras, están ahí, a una temperatura que no les pertenece. Una especie de refrigerador eterno, donde no llegan a su final. Y el final de todo objeto, de toda persona, es transmutar, es convertirse en otro tipo de energía. Cuando nosotros hablamos de Mana no hablamos de una cosa esotérica, no es sacar un conejo de un sombrero. Es Mana, es energía. Cuando yo tomo una roca y la tallo, la roca me talla. También me entrega su energía, me modifica, yo la modifico. Ese momento es el Mana, y existe en todo el nosotros.

¿Cómo lo hicieron con los pagos, con los museos, por el derecho a filmar dentro?

-No pagamos nada. La verdad es que no porque en el Museo Británico finalmente ellos nos “cobran” filmándonos a nosotros mientras nosotros filmábamos, como para hacerse una propia versión de los hechos.

Se supone que un rey rapa nui posibilitó conscientemente que en 1868 extranjeros se llevaran el moai porque aquel disminuía su poder, es decir, era un elemento de cierta manera “desarmónico” a su parecer. ¿Cómo lidiar hoy con esa paradoja, cuando se supone que el moai revuelto a la isla traería esa falta de armonía (según como lo plantea Noemí)?

-El moai fue entregado por el francés Doutreau Bornier, el padre Roussel  y un jefe rapa nui de nombre Torometi celosos de lo que el moai representaba; sus razones están directamente relacionadas con tener total control de la isla y las personas en ella, Noemí plantea que el moai puede volver unir el pueblo maohi rapa nui y con esto despertar el mana.

Durante el conversatorio, un espectador le preguntó a Leonardo sobre el debate al interior de la isla respecto el retorno del moai.

El alcalde Rapu en un momento mencionó que el Mana es como la unión. Dentro de esta unión, ese mana colectivo que se habla, ¿en la isla todos quieren realmente que vuelva Hoa Haka Nanai’a?

-Si bien es cierto que no todos están de acuerdo con la vuelta del moai, no tiene que ver con el objeto mismo, con el moai, tiene que ver con las condiciones para poder cuidar esa estatua en condiciones óptimas para el resto de la vida. Hoy por hoy, la idea de algunos viejos, que incluso es sorprendente, y también de algunos jóvenes, es que allá está muy bien cuidado, es un embajador de la isla, que toda la gente que lo va a ver se toman un ticket y va a la isla. Eso es una falacia, no es cierto. Pero yo te diría que un número enorme de personas piensan que sí, que estos objetos tienen que volver. Incluso hay algunos que te dicen: da lo mismo lo que hagamos con él, el moai está hecho para que se extermine. Nadie pensó en que iba a durar para siempre. Si no todos serían de piedra de basalto –como el Hoa Haka Nanai’a–, y no de una toba volcánica, un aglomerado de cenizas, que es mucho más liviano y más frágil.

-El moai tiene que cambiar. Los moai se cambiaban, se renovaban. Partieron en un metro de altura y llegaron a medir 22 metros. Hubo un progreso. En las plataformas donde se hacen las excavaciones de las estaturas se encuentran varias plataformas construidas unas sobre otras en ocupaciones distintas y los restos de los antiguos moais se ocupaban como cimientos para construir la plataforma nueva. Con esto, lo que quiero decir, es que la estatua misma para nosotros no tiene un valor sagrado en cuanto al material, la piedra o la figura. Lo que nosotros creemos es que la estatua se convierte en un Aringa Ora (rostro vivo) cuando tiene sus ojos puestos, cuando está de pie sobre el Ahu. En ese momento esa estatua es capaz de proyectar, de tener el Mana de la persona que fue homenajeaba con ese moai. De hecho intentamos ponerle ojos al Hoa Haka Nanai’a –en el Museo– y no nos dejaron, no nos dejaron acercarnos mucho.

¿Y cómo lo hicieron con los materiales de archivos de Henri Storck (L’Ile de Pâques, 1935) y Thor Heyerdahl (Aku-Aku, 1960)?

-La familia Heyerdahl nos cedió los derechos. Las filmaciones de la armada chilena, filmados por una expedición canadiense, a ellos les compramos los derechos –nos dieron un precio muy especial. Y lo de Storck lo estamos ocupando por Fair Use porque no llegamos a acuerdo de lucas. Nos estaban cobrando mucho, una enormidad, como 5.000 euros por minuto. Entonces, como fueron choros, lo que hicimos nosotros fue pedirles la cesión de derechos firmada de las personas que aparecen ahí, que son mis familiares. Y nos dijeron: no, es que no los tenemos. Así que: Fair Use, los ocupamos.

Fotograma de L’Ile de Pâques (1935), de Henri Storck.

¿Qué rol jugó, o que aportó, la productora Sobras de Miguel Asensio y Nicolás López en la película? ¿Fue significativo?

-Muy significativo, especialmente en la post-producción de la película. Mil gracias a ellos y al profesionalismo de su equipo.

¿Mencionaba usted antes que tenía otros proyectos cinematográficos en desarrollo? Si pudieras adelantar algo sobre aquellos y/o determinar qué línea seguirán, si una similar a la de este documental u otra.

-Junto a Paula Rossetti, productora ejecutiva de este documental, estamos desarrollando algunos proyectos documentales y también de ficción.

En qué otros festivales o muestras se exhibirá este documental. Y si tienen planeando que llegue a salas del continente.

-Lo de las salas esta por definirse, por ahora vamos al Festival Internacional de Cine de Valdivia, en la muestra de “Primeras Naciones”. La película estará en el festival Arica Nativa, en el FIFO en Papeete Tahiti, el Pasifika Film Fest en Australia en noviembre de este año, y en setiembre del 2016 exhibiremos en el museo del Quai Branly en Paris.

Además de numerosas invitaciones en universidades tanto en Estados Unidos como en Europa.

Consultado también durante el conversatorio sobre la experiencia del documental fuera de Chile, Leonardo añadió:

-Estamos partiendo con esto, esta es la sexta vez que mostramos la película. La primera vez fue en Berlín (junio de 2015), en un Congreso (IX Conferencia Internacional de Isla de Pascua y el Pacífico), donde se juntan todos los rapa-sabios a hablar de sus investigaciones y avances en un ambiente académico como no vi nunca, muy cargado, con un ego más grande que el moai más grande. Y logramos conmocionar a esa gente. Muchos firmaron, después de la película, si querían que el moai regresara a la isla. Muchos firmaron. Las grandes vacas sagradas de la arqueología por supuesto no. Pero muchos firmaron para que el moai volviera a la isla. Y creemos que tenemos una deuda ahí.

¿Para quién siente que es la película, cual es el público objetivo; alguien o alguna institucional en particular a quien vaya dirigida esta película?

-Es una película para el mundo. Yo siento que estas temáticas son transversales. Está lleno de ejemplos parecidos al nuestros por todas lados: Penacho de Moctezuma, las momias chinchorro que están amontonadas en el museo del Louvre en cajones y nadie las pesca.

Como reflexión clave -también luego de la exhibición-, Leonardo dijo:

-Hoy estamos orgullosos de ser quienes somos. Tenemos esperanzas en nuestros jóvenes, por eso seguimos creando y haciendo tradición oral. Seguimos contando nuestros relatos, seguimos  hablando de nuestras leyendas. Aunque les parezca raro a la gente que nosotros creamos que las piedras tienen la energía de nuestros antepasados; aunque algunos no crean que el moai caminaba: el moai caminaba. Llegó hasta los lugares donde están no por el acto de tener piernas, porque no las tienen. Y aquí el secreto de la isla: el verdadero Mana, la verdadera energía, es la sinergía. Cuando todos juntos hacemos algo, cuando nos ponemos una meta. Esos moais no hubieran llegado jamás al lugar donde están, si la gente rapa ni no hubiese trabajado para que llegaran a esos sitios.

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