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Bande à Part (Jean Luc-Godard): La Ingenuidad de la Juventud y del Cine

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octubre 18, 2017 | No hay comentarios



Tres personajes charlan en un bar. Deciden estar un minuto en silencio para pensar mejor. Y repentinamente, no solo los personajes dejan de hablar, sino que el sonido de la película desaparece completamente por poco menos de un minuto. No es un error de la copia, ni una falta de prolijidad del sonidista, al contrario: es una de las tantas formas que tiene Godard para poner en evidencia nuestra ingenuidad, la de los personajes, y nuestra concepción del cine.

Cuando hablamos del director franco – suizo Jean-Luc Godard hablamos de uno de los directores más rupturistas de la historia del cine. Sus películas ponen en constante entredicho las reglas de hacer cine, así como también ahondan en aspectos existenciales y filosóficos de la realidad. Ante esto, es evidente que el cine de Godard pareciera estar alejado del público masivo en lo que a sentido refiere y ser solo accesible para aquellas y aquellos más instruidos en el séptimo arte. Y si bien esta afirmación es correcta para gran parte de su filmografía (especialmente la más tardía), es innegable que el Godard de inicios de los 60 y la Nouvelle Vague es fácilmente accesible para el público, pero sin dejar de lado su rebeldía característica que sentaría nuevas bases para el cine. Y dentro de este período, marcado por su colaboración (y romance) con la actriz símbolo de la Nouvelle Vague Anna Karina, “Bande à Part” (1964, su séptimo film) es una de sus obras más significativas.

La historia, basada en una novela de Dolores Hitchens, puede resumirse en un par de líneas: dos jóvenes parisinos, Arthur (Claude Brasseur) y Franz (Sami Frey) conocen en unas clases de inglés a Odile (Anna Karina), una ingenua muchacha que vive con su tía en los suburbios de París. Odile le cuenta a los chicos sobre una gran cantidad de dinero escondida en la casa de su tía, ante lo cual estos la convencen de participar en un atraco para robarla.
El resumen anterior no le hace justicia al film, porque precisamente lo importante de este no es el atraco. Godard subvierte el género de películas sobre robos (heist film en inglés) y lo convierte en una excusa para mostrar lo verdaderamente importante: la relación entre los tres personajes, configurándose dinámicas de profunda carga poética que pareciera ser un retrato de la juventud de la época. La ingenuidad de sus acciones, como si no tomasen peso de las consecuencias, tienen de telón de fondo un París al cual no estamos acostumbrados, melancólico, frío, pobre. Odile pareciera ser una ingenua muchacha parisina sacada de una novela, así como Franz y Arthur recrean juguetonamente las películas de vaqueros que ven en los cines, como si el salto de la pantalla a la vida fuera posible.

Y este último punto se relaciona con un aspecto característico del film: la tensión constante entre cine y realidad, y la denuncia reiterada de Godard al espectador de que este está viendo un film. Godard devela las costuras del cine y lo pone en evidencia, denuncia esta farsa que tanto ama. Así son constantes las miradas a cámara (tanto de los protagonistas como de la gente pasando, atraídos por la presencia de la cámara), el uso de falsos raccords (unión discontinua de cortes), planos excesivamente largos. Y quizás las escenas más memorables: el minuto de silencio, el record del recorrido más corto al Louvre y por sobre todo, el ya clásico baile del Madison en el bar; los personajes se mueven conflictuados ante su propia presencia, su espacio y su relación con los demás, mientras Godard relata en voz en off los sentimientos de cada uno, mientras la música de Michel Legrand suena a ratos discontinuos.


“Bande à Part” es una de esas tantas joyas del cine que nos brindó la Nouvelle Vague y la colaboración Godard – Karina. El guión presenta elementos que son una mera excusa para lo verdaderamente importante, aquello que nos hace sentir. En definitiva no solo se trata de contar una historia, sino que de sentir el cine, las emociones, la nostalgia y lo poético.

“Franz piensa en todo y en nada. No sabe si el mundo es un sueño o el sueño un mundo”