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“La música de Manuel García necesitaba un registro fino, muy preciso”

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marzo 27, 2011 | No hay comentarios


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Cine Club Universitario retoma el miércoles 30 de marzo sus actividades, y lo hace exhibiendo Las horas del día (2010), ópera prima del periodista y crítico de cine Christian Ramírez (en la foto). Estrenada el año pasado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia, Las horas del día muestra el transcurso de un día en un singular parque de Ñuñoa, teniendo como hilo conductor las canciones en vivo de Manuel García. Para hacer un retrato adecuado para la música de García, la realización de esta película contó con un destacado equipo que incluía a José Luis Torres Leiva (El cielo, la tierra y la lluvia), que en esta cinta estuvo a cargo del montaje.

¿Qué significa para ti realizar películas?

Esencialmente es una extensión de todo el trabajo que uno hace antes (refiriéndose a su trabajo como crítico de cine). Uno no se va a comparar con Godard bajo ningún caso, pero Godard fue muy pillo y muy inteligente y muy hábil. Cuando él comenzó a hacer películas era una extensión de su trabajo como crítico. Me parece súper válido para toda esta gente que ha pasado de comentar películas a hacer películas o al revés, de hacer películas a comentar películas de otros. Yo creo que es parte del trabajo audiovisual, es sólo otra forma de ejercer, que responde a inquietudes que uno tiene y que en realidad tampoco se pueden expresar con palabras, sino con imágenes.

¿Tú antes habías tenido una carrera audiovisual aparte de los videoclips?

No. O sea, obviamente, en la escuela de periodismo tú haces trabajos. Uno ha jugado con imágenes en otras ocasiones. Pero probablemente por los mismos horizontes y la formación de uno, y los mismos objetivos de uno, las ganas de hacer algo que quede bien estructurado priman por sobre el coquetear con un género, con una disciplina que no esencialmente es la de uno.

¿Qué papel cumple el espectador para ti?

Es interesante, porque la verdad yo antes que crítico, antes que realizador, antes que periodista incluso, me considero espectador.

¿Y a la hora de hacer tus películas las diriges a un determinado grupo o están abiertas para que las vean todos?

Bueno, yo soy de la impresión de que las películas terminan por encontrar el público que se merecen o el público que uno desea que tengan. No sé si uno hace las películas pensando en el espectador directamente, yo creo que se hacen pensando en la integridad de la pieza. La integridad de la pieza tiene dos caras: todo el registro íntimo, es decir, lo que significa para ti y no necesariamente lo que significa para la otra persona, y por otro lado las ganas de compartir eso. Las piezas audiovisuales tienen dos vidas en el fondo: la vida que tienen durante el rodaje y la post-producción, en la estructuración de estas imágenes, y por otro lado la vida que adquieren una vez que andan en el público. Los cineastas cumplen una función social, una función cultural que es una suerte de puente entre esos dos mundos y por lo mismo es súper importante establecer ese dialogo.

Bueno, igual hay realizadores que desligan al espectador de su trabajo y que sólo hacen películas…

Pero eso no tiene ningún sentido. A mí me gusta que las vean, es interesante compartir opiniones, a mí me interesan tanto los buenos comentarios, los comentarios positivos acerca de la película, y también los negativos porque sino no hay dialogo.

¿Qué representa para ti la música?

Siempre me ha atraído la música, yo creo que es una influencia tan grande en mí como las películas, a veces más incluso. En particular la música de García. Me parece que es un corpus que es consistente, que responde preguntas y al mismo tiempo hace otras; que se pone en contacto con el público, como habíamos estado hablando antes, y por otro lado me parecía especialmente interesante poder extraer de él cierto contenido que yo veía presente en las canciones, pero que en mi situación había que reflejarlo audiovisualmente.

Particularmente te gusta Manuel García…

O sea, no sé poh… yo soy amigo de Manuel hace hartos años ya. Y nuestra cercanía es personal y profesional, y por cierto que me gusta la música de Manuel García, sino no me hubiera metido ni en la realización del video ni del documental. Y es muy probable que la experiencia de hacer un documental provenga de escuchar durante harto tiempo estas canciones y muchas otras.

Este largometraje incluyó varias canciones, es como un “gran videoclip”, como un género aparte…

Yo no sé si es un videoclip, pero si uno lo quiere llamar así, bien. García le dice “documental de ficción”. No sé. La inspiración original de esta estructura surgió a partir del video de Tu ventana. Surgió de varias imposibilidades, surgió de curiosidad. A mi me dio curiosidad después de trabajar con García, de cómo sería grabarlo en vivo, sabiendo que su experiencia como cantante en vivo para él es trascendental. Entonces, es una persona que, según mi opinión, iba rendir mejor, iba dar más de sí mismo en la medida que no doblara una canción como suele ser en general en los videoclips, que tocara en vivo. Y ahí esta la diferencia, porque el desafío era registrar la música de Manuel García con sonido de cine. Esto tiene dos mezclas, está en estéreo y en 5.1. La que ustedes van a pasar está en estéreo: con sonido de cine por un lado, y con sonido directo. En general, cuando uno ve los conciertos en dvd, tú ves conciertos parchados. Esto no tiene parchado, en ningún momento nos conectamos a una mesa, todo está tomado del aire, es la experiencia de escuchar al músico al aire. Y no está tratado de una pura forma, sino que hay distintas formas. Con García siempre planteamos nuestros proyectos como investigaciones, más que aventuras comerciales.

Experimentar un poco…

O sea, es que si no buscas motivar tu curiosidad, qué lata, todo el proceso se transforma en algo mecánico. Ahora, yo me acuerdo cuando más chico, no sé, como a los 20, 21, por ahí, haber visto cintas similares, donde por ejemplo gente como Lou Reed, Sting o R.E.M concebían piezas audiovisuales del largo de un disco. En el caso particular de R.E.M está This film is on (1991), que es una colección de videos del álbum Out of Time (del mismo año). En el caso de Sting, lo que hizo fue grabar el Ten Summoner’s Tales a formato laser disc, de principio a fin, dentro de una casa con sonido enchufado a mesa. Entonces volvió a crear el disco. El caso de Lou Reed fue más extremo todavía, porque el grabó Magic and loss (1992). Ese disco lo grabó en vivo en un soundstage, un estudio, y el registro es bien impresionante. Él mismo intentó hacer esto ahora recientemente en Berlín, pero ya en el registro era un concierto con público, del disco Berlín, con la dirección de Julian Schnabel.

Ahora más allá de los distintos precedentes, la idea también era explorar un poco en la continuidad de un puro hecho. De ahí captar distintas gamas de luz y hacerlo al aire, de ir a un puro lugar, que es el Parque Juan XXIII, de sentir que el día pasa, de sentir que hay un transcurso, de que no es un puro momento que está congelado, sino que es una gama de situaciones.

Sí, porque esto no está dentro ni del documental. ¿Hay una historia en tú película?

Sí, claro. En los documentales también. Pero podríamos decir que hay un argumento que es el transcurso de las horas.

¿Qué significó para ti pasar del videoclip a este proceso más largo?

Es importante dejar bien expresado que más que el proceso industrial del cine, a mí me interesa el cine como “a lápiz de mina”. No sé si me expreso bien. A ver, hay distintos pinceles con los cuales uno puede trabajar las imágenes y a mí me atrae esta idea de bosquejar las cosas como si yo estuviera con un lápiz muy sencillo, con un lápiz de grafito. Puedes hacer referencia a la pequeña escala, o tener la sensación como de bosquejo más que de dibujo acabado o al trabajo de precisión que uno tiene que establecer. Lo que me interesa es trabajar con trazos finos más que con trazos gordos, en la medida de lo posible. Bueno, los procesos son complejos y yo creo que para mí igual fue un desafío. Es como pisar en el terreno como un poco ajeno al de uno, pero por el otro lado tampoco lo considero una especie de choque o de discontinuidad en lo que he hecho. Una cosa se pega bien con la otra.

Una aventura, porque igual es otro tipo de metodología…

Igual es una aventura, es como un proceso de autoconocimiento y te vas dando cuenta de la forma en que quieres trabajar. En ese sentido yo creo que es absolutamente esencial (y aquí piso en los dos terrenos, en la del crítico y la del realizador audiovisual) estar consciente de que es súper importante tomar consciencia de todas las personas que trabajan en esto, de que estos trabajos no se pueden hacer solo, son profundamente colaborativos. Es verdad que existe la teoría del autor y todo lo que tú quieras, pero en ese sentido el sonidista, el camarógrafo, el director de foto, la persona que hace la foto fija, el que monta, el que coloriza, el que hace la postproducción de audio, el que capta el audio al aire, ¿cachai la cantidad de gente? Todas esas personas aportan una cuota autoral. Todas ellas se manejan dentro de un margen de libertad y de un margen estético, una especie de vasija que tú tienes que llenar de cierta forma, y en ese sentido es crucial el aporte que ellos hacen a estos procesos. En ese sentido la labor del director efectivamente es la de ir encauzando estas cosas, pero sin el input del equipo estas cosas no resultan. Sobre todo en el caso de algo relacionado con la música, donde los músicos ponen la parte, tal vez, más importante.

Es como cierto protagonista…

O sea, son los protagonistas de la historia. Pero por otro lado ellos modifican el espacio en que tú te estas moviendo.

¿Qué opinas del documental en Chile?

Claro, un género extraordinario, de una extraordinaria riqueza.

Yo creo que existen canales donde se pueden ver esas cosas. Como en todo, hay que buscarlas un poco. En mi época, el documental ha conseguido apuntalar a la ficción en Chile en los momentos que la ficción ha estado flaqueando. Por otro lado, la capacidad de observación de los realizadores documentalistas chilenos es bastante mayor a la media que uno cree al mirar a primera vista. Hay hartos más en ese océano y es bastante más profundo de lo que uno cree.

¿Y específicamente el musical? Igual hay hartos documentales musicales chilenos, está el de los Electrodomésticos el año pasado…

Sí, mi favorito es Malditos, la historia de Fiskales ad hoc. Es la gran película del núcleo familiar chileno. Más allá del género musical, es la gran película que cuenta la historia de una familia. Yo la encuentro esencial, es extraordinaria, buenísima. Es de Pablo Insunza. De las que he visto, esa es una de las que más rescato.

¿Cómo fue trabajar con el formato digital? Y en HD…

Sí, fue grabado en digital y con tarjeta en vez de cinta y todas esas cosas.

La verdad es que fue un proceso súper interesante, bien exigente y en ese sentido yo planteé todo esto con una fuerza profesional, todos están pagados. Porque esta cosa para que pudiera resultar, tenía que ser de esa forma. Yo trabajé con gente bien extraordinaria, con los sonidistas del El cielo, la tierra y la lluvia, con su director, que fue el montajista en Las horas del día, trabajé con la gente que hizo la postproducción de Gatos viejos, entonces nuestra estructura como de pega era sumamente profesional. Lo asumimos así precisamente porque la música de García necesitaba un registro fino, muy preciso. Entonces el digital en ese sentido fue una ayuda. Es más cómodo.

¿Qué significó para ti construir en imágenes estas canciones de Manuel García?

Uno puede apelar siempre a muchas metáforas, pero lo que prima es siempre la canción, la forma de la canción, y sobre todo la cualidad del sonido que tú pretendes obtener y cómo lo trabajas.

AGRADECIMIENTO: Cineclub Universidad de Chile



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